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domingo, 16 de octubre de 2011

LA IMPORTANCIA PERSONAL

 


En la película “Creer es crear”, Santiago Pando comienza diciendo que cuando él se encontraba embarcado en la pelea mundana y el éxito estaba demasiado ocupado en creerse importante como para poder sentirse feliz. Hace unos días en un programa televisivo una señora española comenta algo así: Los funcionarios son servidores públicos, lamentablemente buscan ser importantes en vez de ser necesarios.
En el comentario de Santiago Pando podemos afirmar que felicidad se opone a importancia personal. No es muy difícil de entender: si mi meta es perseguir una imagen inflada de mí misma, estoy huyendo del presente, hasta podría afirmarse que dejo de ocupar mi cuerpo porque en este vértigo por perseguir una imagen, una deber ser establecido desde afuera, pierdo mi dimensión personal y mis necesidades. Es bastante parecido a estar drogado, aquí la droga no es una sustancia dura como el alcohol o la cocaína o una sustancia blanda como el tabaco o la comida sino que el objeto adictivo es un ego inflado. Los síntomas de un ego inflado no son tan diferentes a los de un adicto de otra clase: no percibe los matices, no registra a las otras personas y sus requerimientos humanos, vive atropelladamente, confunde las prioridades, tiene un mecanismo mental obsesivo es decir dual. Quizá la adicción al ego sea más perjudicial porque está aceptada socialmente y es mentira que no tiene efectos secundarios en la salud. ¿Acaso la cantidad de ataques al corazón de los gerentes de las grandes empresas no son el resultado de la exigencia de llegar cada vez más arriba en un estado de competencia extrema?
La búsqueda de importancia personal aparece como un paliativo ante la ausencia de amor. Cuando hay amor no hay adicción. Una de las definiciones de adicción es “estar pegado a” y otra es no poder verbalizar aquello que me ocurre interiormente, es decir no llegar a simbolizar un estado de ánimo, un nivel de conciencia, debido a que estoy apegado y no tengo la distancia suficiente para ver el panorama general. Todos, en mayor o menor medida en algún aspecto de nuestra vida, estamos embriagados de ego porque aún falta amor, esa energía equilibrante, reparadora y nutritiva.
Capítulo aparte merece el comentario de la mujer española. Es un tema muy amplio y profundo este de los servidores públicos y su “carrera” política. Hemos vivido tanto en la separación y en la dualidad que creamos esta división entre nosotros y quienes nos representan para decidir sobre nuestros bienes y legislaciones. Cuando nuestro nivel de conciencia ascienda un poco más no sólo tendremos mejores gobernantes que expresarán lo que somos en verdad sino que no será necesario recurrir al sistema de la representación. Si ellos están embriagados de ego es porque nosotros también lo estamos en algún nivel, quizá en otra proporción. Y ellos están allí para señalarnos algo que necesitamos revisar en nuestro interior. El afuera, una vez más, es nuestro interior expandido.
Las manifestaciones de esta importancia personal son muy amplias, abarcan desde un abuso de poder, la vanidad extrema y la apariencia hasta otras menos evidentes como hablar de uno mismo y de las propias ideas desmedidamente invadiendo el campo energético de otra persona, no tener en cuenta el estado emocional de un amigo, no escuchar, no ver, sentir o creer que nuestras ideas o nuestras posturas espirituales son más acertadas que las de otros, aunque estas son más leves muestran una tendencia que nos ubica en el lado opuesto de la compasión o, en otras palabras, la misericordia que es el camino para encontrarme con el otro ser humano. Son dos líneas opuestas, hay que abandonar una para poder encaminarse hacia la otra y la autobservación es la llave para alcanzar un grado mayor de conciencia. Y para eso necesitamos desembriagarnos de ese añejo sentido de importancia personal.

Artículo publicado original el lunes 13 de julio de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/

                                                                       

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