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martes, 22 de noviembre de 2011

ACTITUDES REACTIVAS

Ocurre con  frecuencia que cuando reaccionamos muy rápido ante la pregunta o el comentario de otra persona y por lo general reactivamente es porque una parte de nosotros intenta cubrir algo, en especial ante nosotros mismos. La respuesta se vislumbra demasiado automática, demasiado mecánica y por eso mismo muestra su necesidad de tapar enseguida. El silencio invita a la reflexión, a dar vuelta lo escuchado, a observarlo, a contemplarlo. La palabra inmediata sella, clausura posteriores interpretaciones.
    No es raro que las personas que reaccionen tapando con su respuesta o su opinión lo que el otro dice sean conservadoras, conservan lo que ya conocen y no lo quieren cambiar. Y no es raro tampoco que estas personas estén expuestas a vivir grandes dolores. En parte porque la actitud reactiva que es un modo de funcionar de la mente se imprime en todo su ser y por lo tanto en todos los planos de su existencia, Es un mecanismo bipolar. La polaridad reinando en todos los espacios es como un péndulo que se agita de un lado al otro y no cesa.  En esta modalidad de funcionamiento es muy común escuchar que las personas suelen ponderar mucho algo para criticar excesivamente su opuesto, al menos en algunos o algún aspecto. Esa oposición extrema parece darle sentido a su vida y configura su paradigma. Suelen haber también muchos juicios de valor sobre las otras personas y su forma de proceder. Todo busca ser catalogado bajo una forma fija e invariable. Es el reino de la mente y, por lo tanto, el corazón está afuera, la compasión  se encuentra lejos y la persona sufre de una carencia básica: su juicio la aleja de los seres y las cosas enormemente. El resultado es una sensación de soledad.
   La experiencia del dolor en estos casos es un gran remedio. El dolor se presenta como una experiencia que aunque desearíamos evitarla como fuera, a mediano o corto plazo abre las puertas de una liberación de esta forma de funcionamiento. ¿Qué hace el dolor? El dolor profundiza un lado de la polaridad, como si acorralara al ser y lo llevara allí para que experimente en profundidad una de las caras de la moneda. Bien se dice que tocando fondo se puede subir a la superficie. Y así opera. Después del dolor algo ocurre con el movimiento pendular u opositivo. Algo que  en lo podríamos  profundizar. El alma buscó esa experiencia del dolor para superar ese movimiento insoportable que aislaba del amor a la persona. El dolor no es el único camino, es el camino que a veces necesitamos utilizar en  última instancia porque no hemos podido aprender de otra manera. Claro que a veces la experiencia del dolor no rescata a la persona de ese modo de operar sobre sí misma y el mundo, a veces agrava y profundiza el funcionamiento bipolar. Eso sucede cuando la respuesta no es la adecuada, cuando se instala el resentimiento. Re- sentir: volver a sentir. Cuando la persona no se deja atravesar por el dolor o no lo atraviesa y convierte ese dolor en un polo más fuerte para seguir operando dualmente. Es decir no sale del apego sino que encuentra en la experiencia una nueva forma de fortalecer lo viejo y no de trascenderlo. Pero ya sabemos que nadie sale inmune del dolor, algo queda en el alma, algo que el alma quizá más adelante pueda reelaborar, indagar, en el dolor hay una lucecita que está muy encerrada y vino a socorrernos de nosotros mismos.
   Sabemos que el dolor que,  ha sido una forma de crecimiento típica de la era pisciana, no es el camino que se nos abre como más fecundo y prometedor en los tiempos que corren. Estamos aprendiendo a crecer desde el amor, sin embargo  formamos parte de la escuela de vida y no podemos ocultar aún que ese es un camino que todavía existe.
   El amor supera la dualidad, el amor nunca nos hace sentir solos estemos donde estemos. El amor es la forma en que la divinidad se muestra en este plano de existencia en todos los niveles de la creación.



Foto Carmen Fernández
   


                                        

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viernes, 28 de octubre de 2011

ARGENTINA, PATRIA DE LA DIVERSIDAD

                                                     



  Desde que tengo memoria he escuchado conversaciones en las que todos recordábamos a un abuelo o a un bisabuelo inmigrante. En la Argentina la gran mayoría de los habitantes somos hijos o nietos de los barcos. Un barco es algo tan frágil si se lo mira desde lo alto, tiene un nombre de bautismo y  se mueve por la fluida agua. De allí venimos los argentinos.  Se dice también que nuestros ancestros  llegaron con una mano atrás y otra adelante. Esa es la metáfora más común para expresar que no  trajeron nada material. Sólo trajeron memoria, cultura, un  apellido que, en unos cuantos casos, fue desdibujado o alterado según la torpeza o el desconocimiento del empleado de aduana que no entendía el alemán o desconocía las dobles consonantes italianas. Somos hijos de la transformación permanente. Pero también de la desmemoria. Nuestros abuelos y bisabuelos querían afianzarse, ser aceptados, hacer la América y cortaron lazos con sus países de origen.  Aprender el idioma, escolarizarse, nacionalizarse cuanto antes y así  la familia quedó del otro lado del océano, desmembrada. Los argentinos somos, entonces, hijos de la pérdida, una pérdida que a veces sabemos trascender en desapego y en otros casos, por desgracia, no.
    Se suele decir que los argentinos hacemos un poco de aspaviento con nuestros ancestros europeos  siendo  habitantes de un continente indígena. En parte puede ser por este afán tan nuestro de agrandar las cosas, la prosapia tanto como la tragedia. Pero quizá intentamos compensar esa falta de raíz que nos dejó el largo viaje por agua en barco y el corte que se hizo, como falta  el lazo, intentamos repararlo haciendo memoria. Yo, personalmente tengo abuelos y bisabuelos alemanes, austríacos, franceses, italianos del norte, pero mi cara es mora,  igual a la de mi madre que tenía ancestros españoles. Y seguro que por allá atrás tengo sangre india y de judíos conversos. En mi familia todos tenemos ojos de distinto color.
   Esta mezcla de razas, credos y culturales ha dejado huellas en lo que es nuestra nación. La mirada de los extranjeros que visitan por primera vez nuestro país suele ser una mirada con un poco de asombro. Dicen: No pensamos que Buenos Aires era una ciudad cosmopolita tan al sur, no me imaginé que la gente fuese tan amigable o es increíble el largo viaje que hay que hacer, mucha pampa, para ir de un sitio a otro. El contraste es otra cualidad u otra desventaja según se lo mire. Grandes extensiones de tierra, diversidad geográfica, nos jactamos de tener los cuatro climas en el territorio nacional, sitios deshabitados y ciudades superpobladas donde nos apiñamos.
    En el preámbulo de nuestra Constitución Nacional se dice expresamente que el país está abierto para todos aquellos que quieran habitar el suelo argentino. No dejo de leerlo sin emoción, la misma emoción que me despierta el evocar a mi bisabuelo viniendo joven de una Italia que lo llenó de hambre, en la bodega de un barco. Una mano atrás y otra adelante en el principio y luego todos nosotros con los brazos abiertos. Esa es la Argentina, este país, el mío, que amo profundamente.  Un país que generalmente tratamos muy mal, que aún no aprendimos a valorar. Se  anunció que la Argentina iba a ser un centro de evolución espiritual. Pensé que era otra de nuestras megalomanías. Por un lado somos grandilocuentes pero también  muy creativos, inteligentes. Venimos de la escasez y periódicamente sufrimos crisis económicas o sangrientos golpes militares. Y siempre renacemos.  Con muy poco inventamos algo, siempre nos las arreglamos. Lo cierto es que era cierto eso de la evolución espiritual, ya lo estamos viviendo: en la Argentina el nuevo paradigma se avizora en cursos, en talleres, en toda clase de enseñanzas y muchas veces gratuitos. Esto es un semillero. Claro, a veces somos frívolos y abrazamos las ideas que vienen de afuera con tanta facilidad. Pero estas ideas, las espirituales, vienen de adentro. Somos raros, lo sé, somos ese tan mentado “crisol de razas”.  No sabemos cerrar nuestras fronteras, no conocemos el sentido de la autoprotección, vienen y se llevan lo que quieren: peces, agua, metales preciosos, extensiones territoriales, las islas Malvinas. Y seguiremos recibiendo gente porque lo que tenemos de defecto lo tenemos también de cualidad. Una especie de contradicción andante. No podía ser de otra manera, esta es una tierra fértil para la evolución espiritual. Todo está por empezar, todo se renueva a cada instante. Hay profecías que dicen que vendrán muchos, muchos más. Que vendrán como nuestros abuelos y bisabuelos con una mano atrás y otra adelante. Y nosotros, por supuesto, estaremos con los brazos abiertos.
                                                                               
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martes, 18 de octubre de 2011

CADENCIAS

           

  Me desperté entonando la melodía de una plegaria que estoy estudiando. Raro, me dije, tardo bastante en memorizar sonidos. Tenía pensado escribir un artículo pero enseguida sonó el timbre, muy temprano, eran los obreros del edificio  de al lado de mi casa que venían a quitar los parantes de mis patios. Otra vez el ruido, la suciedad. Pero al menos avanza el proceso hacia cierto nuevo orden que en realidad me permite recuperar la casa que alguna vez tuve.  De pronto escuché a los dos obreros hablando en guaraní y tuve la sensación de que el guaraní era un espacio sagrado para ellos, un espacio que los encerraba en lo familiar, que los vinculaba fuera de la intrusión del mundo. Yo, por supuesto, no entendía nada. A pesar de las molestias la idea del artículo me seguía dando vueltas en la cabeza. Quería escribir sobre el modo en que las personas fueron creando corazas a lo largo de la historia, de cómo la falta de amor y aceptación hace nacer en un niño el ego como forma compensatoria y con los años nace el orgullo para remediar ideales rotos. Pensaba en la forma de desmontar el camino que vino atravesando nuestra humana conciencia para llegar hasta hoy. Y hoy es la ruptura con un orden donde prevaleció la armonía. Se trata de un armado artificial, de una estructura que intentó remediar la falta de amor y ocupó su lugar. El resultado desde ya es una suerte de anemia espiritual.  La energía busca atajos, sigue moviéndose y al no hallar la frecuencia óptima digamos que funciona en disonancia. Así fui viendo el camino de la humanidad. Claro que también pensaba en que ese orden lo hemos comenzado a recuperar, en eso estamos y no hay manera de frenarlo.

   Lamentablemente mi artículo era sólo una idea, un proyecto en mi cabeza mientras los obreros paraguayos balbuceaban su idioma y a cada rato me llamaban: Doña, tiene agua fría,  y un balde. Y por favor esto o aquello. Uno de los paraguayos se subió sobre los parantes, quedó alto y enclenque en el aire alto, el otro tironeaba. Entre ellos se entienden, pensé, traen a su país a cuestas, nunca se fueron, nunca se van a ir, su conversación  me lo atestigua.
   Lo interesante, me dije,  siguiendo con la idea de mi artículo es que la energía se las arregla siempre para amoldarse, no desaparece, es blanda, es obediente a nuestro planteo interior. ¿De qué forma nos desviamos tanto del camino del corazón? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Hasta cuándo?  
   Mientras pensaba en el artículo que tal vez ya no iba a escribir y escuchaba el rumor de las conversaciones en guaraní me di cuenta,   de un modo inesperado, que la plegaria que había comenzado a estudiar me acompañaba internamente como un sonido de fondo, que esa melodía me atravesaba y su compañía me daba abrigo,  pensé entonces que el sonido y la cadencia del guaraní a los obreros les  otorgaba identidad mientras trabajaban, que ese idioma los rescataba de la indiferencia de la gran ciudad.  Así, quizá de alguna manera confusa, sentí que existía una corriente de amor que nos atravesaba y que venía desde muy lejos y que nunca se había interrumpido. Esa corriente ha permanecido intacta  y nos viene sosteniendo desde el principio a todos, al mundo entero, al universo. Ya no necesitaba escribir, las palabras de los obreros en su idioma natal y el ritmo de mi plegaria llenaron mi casa, mi alma. Todo estaba en orden.



                                
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domingo, 16 de octubre de 2011

CUANDO EL CONFLICTO ES NUESTRO ALIMENTO


 Sabemos que todo ser vivo necesita nutrirse para vivir. El humano fue configurando sus funciones cerebrales en función de esa supervivencia física, por eso aún ahora tenemos ciertos condicionamientos como raza que responden a viejos patrones de supervivencia que nos entroncan con los primates. Muchas de nuestras respuestas emocionales siguen estos patrones y hasta el modo en que almacenamos grasa está pautado por un cerebro que necesitaba sobrevivir en época de hambrunas cuando la realidad presente en muchas sociedades actuales está lejos de esa situación. Ahora bien, en el plano energético por una ley de correspondencia inevitable sucede algo similar. Todas las personas necesitan imperiosamente cargarse de energía, la forma más equilibrada es a través del amor, pero cuando la energía del amor está ausente aparecen mecanismos de compensación y la persona se carga de energía sutil mediante esos mecanismos que no vibran en frecuencias de amorosidad.
    Uno de ellos es el conflicto. El conflicto de apoya en la dualidad y como bien sabemos, el amor trasciende esa dualidad. De modo que estamos hablando de dos energías diferentes. Conocemos perfectamente a personas que siempre están sumergidas en situaciones aparentemente indisolubles, tironeadas por esto o aquello. Cuando en apariencia una situación se resuelve comienzan a ser atrapados por otra, cambia el escenario, cambian los actores pero el comportamiento de la energía es el mismo. Se habla de adicción al dolor, gente que necesita que ocurra algo en su vida para sentirse viva.  Estamos frente a un caso de falta de amor, cuando el amor surge todo se nivela, todo se comprende, todo se acepta. En muchas ocasiones cité el ejemplo de las plantitas. Es un experimento que cualquiera puede hacer en su propia casa. Tenemos tres plantas. Una es regada con amor, se le habla, se le pone música, se la riega experimentando cariño hacia ella. Otra es regada con absoluta indiferencia y otra con odio, se la insulta, se la somete a ruidos disonantes. Pues bien: al cabo de un tiempo la planta regada con amor está rozagante, la regada con odio está exactamente igual de espléndida. La que muy probablemente esté seca es la regada con indiferencia. Esto nos demuestra que todo ser vivo necesita alguna clase de energía para sobrevivir. Es conocido el caso de los niños que lloran en hogares colectivos, alejados de sus madres. No bien alguien los alza, se calman. Necesitan el contacto humano, la vibración energética que les paute un modo de vibración a su propio organismo. Cuando un ser humano no encuentra eso en la  cordialidad de las relaciones, suele suplirlo con violencia, la violencia no es otra cosa que el quebrantamiento del ritmo de una energía equilibrada, por eso decimos que la violencia es la ruptura de la ley del amor. Socialmente estamos viendo cómo esto ocurre en forma diaria. La necesidad de la noticia que cause impacto, del escándalo, de la aparición de emociones como la indignación, el enojo y todas sus variantes no son otra cosa que un intento desesperado por nutrirse que hace la gente. Equivoca la frecuencia vibratoria, es simple y llanamente una  falta de conocimiento básico. Hoy, que está tan boga la modificación de la dieta nutricional, quizá estemos más aptos para revisar con qué otra clase de alimentos nos sostenemos.
Recuerdo una situación muy concreta y muy decisiva para mí. Aquel día había sido invitada a dar una charla en una escuela para chicos, me llamó la directora por teléfono y me dijo que iba a pasarme a buscar un remise. Llegó el remise y luego de un viaje bastante prolongado noté que entrábamos en una villa de emergencia. La escuela estaba en el medio de la villa. Lo que ocurrió después abrió mi corazón. Las madres de los alumnos habían venido a escuchar a esa escritora de literatura infantil para aprender algo. Lo curioso es que yo aprendí de ellas mucho más. Después en una breve charla con la directora sobre la tarea social y no sólo educativa que de desarrollaba allí y de las muchas dificultades me contó una anécdota que para mí resultó reveladora.
     Me contó la directora que un estudiante no se adaptaba, se peleaba, creaba situaciones de conflicto constantemente y ya no sabían qué hacer con él. Una vez algo ocurrió y el chico empezó a llorar desconsoladamente, fue algo que llegó a su centro y modificó sus emociones. Entonces este chico dijo algo que se podía interpretar como que él no sabía que la gente se podía relacionar amablemente, con dulzura y aceptación, simplemente nunca lo había conocido en su casa, lo único que había aprendido y experimentado era relacionarse desde la violencia. Su forma de relación era esa porque esa es la que había conocido en su casa. Para él conectarse con otra persona era crear fricción porque su experiencia lo llevaba a eso.  Como las plantitas del experimento este chico recurría a la forma de adquirir energía que había aprendido. Cuando aprendió otra y descubrió que se llenaba de otra clase de energía la adoptó porque sus beneficios se hicieron evidentes. Claro que esto no ocurrió de un modo lineal ni sin ida y vueltas, todo camino en este plano se nutre de la dualidad, del juego de luces y sombras en el que necesitamos aprender a movernos evitando ser tragados por la oscuridad. Las energías en sus distintos niveles vibratorios están a nuestra disposición, como los chicos de la escuela podemos elegir aprender a manejarlas o continuar actuando automáticamente sin discernir dejándonos arrastrar por lo denso y oscuro. Sí, podemos elegir, de eso no cabe la menor duda.
                                                                    

ENTREGA Y TRASCENDENCIA

 


Al parecer nuestra mente se adhiere, se estanca en un pensamiento o en una secuencia ininterrumpida de pensamientos. Tenemos la llamada mente de mono.  Esta metáfora  que surge al asociar el funcionamiento de nuestra mente con el mono se debe  principalmente a la costumbre que tiene un mono de introducir uno de sus miembros superiores en un recipiente para atrapar lo que quiere, su mano al no soltar lo atrapado queda presa dentro del recipiente, si lo soltara, se liberaría. Claro que también esta metáfora se apoya en el hecho de que  el mono tiene un movimiento inquieto, constante y perturbador. De allí que practiquemos la meditación para que nuestra mente se sustraiga de este modo de funcionar o comportarse. Pero claro, la tendencia loca de nuestra mente persiste. Entonces aprender a entregar, a soltar así como ese monito no suelta lo obtenido dentro del recipiente es la clave. Aflojar esa secuencia obsesiva que la mente tiene de atrapar y apegarse a un pensamiento y otro lo llamamos “entrega”. Cuando la mente retrocede, el alma avanza. Es obvio que la entrega no nos resulta una práctica sencilla debido a que tenemos internacionalizado ya desde nuestro ADN este modo de funcionar. Pero la evolución necesita del juego de las polaridades, de modo que nuestra energía pendula y pendula hasta que encuentra un punto medio.  Alcanzar de forma más permanente ese punto medio  alimenta nuestro ejercicio diario en nuestras prácticas, especialmente en la meditación. Sabemos que la clave  está en trabajar con nuestra mente. Entregar o poner la mente en blanco es una acto de sumisión y rendición a un poder superior,  entendemos por superior  a aquello que está por encima de lo rige nuestro funcionamiento mental que es puramente mecánico y, como tal, no puede suministrarnos más que repetición, que volver a lo conocido. El conocimiento no se refugia en la repetición sino en el hallazgo de lo antes no conocido. La entrega implica aceptar el silencio, es lo que comúnmente llamamos “poner la mente en blanco”. Lo blanco, la luz, el silencio, en síntesis conectarnos con la luz que somos y que la cultura y los condicionamientos replegaron a un plano oculto. Desocultar la luz que es nuestro ser interno, lo que somos desde el origen, desde el momento en que el OM comenzó a intensificarse desde su remoto sitio central, es decir acercarnos a ese centro, a esa fuente, la luz misma, lo que somos y hemos olvidado. Sin entrega no hay trascendencia, trascendernos a nosotros mismos, a nuestra partecita animal, ir más allá de lo que nuestro cuerpo contornea, salirnos del tiempo lineal, de la forma alcanzada para vibrar en la alta frecuencia que todo lo abarca. La entrega es la clave, para lo que necesitamos confiar en el infinito poder de esa fuerza


                                                           

ARTE Y ESPIRITUALIDAD: Cynthia Gindfeld

 


CYNTHIA GRINFELD: UN COMPROMISO CON LA CREATIVIDAD Y EL AMOR A LA VIDA





Tuve el gusto de conocer a Cynthia Grinfeld a través de este blog. Luego visité su página y finalmente su casa, que queda cerca de la mía, a escasas cuadras. Realmente Cynthia es una persona excepcional que transmite su entusiasmo por todo lo que la rodea, tiene una gran pasión por el conocimiento y en su sentido de la espiritualidad está muy ligado al contacto humano. Se me ocurrió que podía resultar interesante que también otras personas entraran en su mundo y tuvieran la oportunidad de conocer su trabajo. De modo que le hice un breve reportaje que sigue a continuación:
Irma: Sos artista plástica y a la vez trabajás con la palabra en distintos planos. ¿De qué manera los relacionás entre sí?

Cynthia: Yo creo en la plasticidad de la palabra. Creo en su volumen. De manera que tomo a la palabra como un mundo en sí misma. En esta polidimensionalidad que le atribuyo, destaco su vibración en el aire, como una manifestación visible de energía. Desde este lugar, creo que las imágenes se corporalizan dando al lenguaje de la imaginación, la oportunidad de ser percibido por otros sentidos.
En tanto sostengo que somos seres relacionales y que por esta condición, tenemos vínculos con los otros, la naturaleza, el universo y nosotros mismos, amo a la palabra como eje central de toda conversación.
Es decir que la palabra es una suerte de punto también, por donde pasan infinitas líneas, tal es nuestro planeta, visto desde otra perspectiva.



Irma: ¿Cómo surge tu interés en vincular arte y espiritualidad?

Cynthia: Una concepción de arte vacía de espiritualidad, es como pensar en un nihilismo tal, que por sus mismas características no podría vivir, ni mucho menos trascender.
Siento el espíritu de los grandes Maestros, en su vasta conexión con lo divino que los habita. No imagino a Miguel Ángel, Bach, Mozart o Da Vinci, pudiendo transmitir su señal, sin espiritualidad.
Yo pienso que en el siglo XXI, las personas tienen que cuestionarse muchísimo sobre el tema, para abrir su sensibilidad al aprendizaje de nuevas formas de vida y convivencia planetaria.
La creatividad, es espíritu vivo. Curiosidad y cambio en un continuo fluir.
Creo que el arte es una fantasía en constante evolución.



Irma: ¿Cuáles son los talleres cursos y actividades que estás desarrollando actualmente?

Cynthia: En la actualidad estoy trabajando mucho sobre el vínculo entre cuerpo-emoción y lenguaje de manera integral. Los talleres están enfocados a distintas posibilidades que favorecen el deseo de expresión que hoy tienen todas las personas.
Hay quienes prefieren recorrer un camino de autoconocimiento a través del taller literario. Otras lo sienten desde la plástica. Hay quienes participan de otra manera en el taller de Inteligencia Emocional, y otras se vuelcan al de Arte Terapia.
Sustancialmente, lo que busco desarrollar en los participantes es la toma de conciencia de quienes están siendo en este aquí y ahora, y quienes desean ser.


Irma: ¿Qué clase de observaciones podrías realizar sobre lo que ocurre en tus talleres?

Cynthia: Lo primero que me surge es agradecimiento. A borbotones. Porque sostengo que todos aprendemos de todos. Valoro y me siento privilegiada de recibir a mis alumnos, quienes con total generosidad, vienen y comparten sus vivencias y conocimientos. Sus dudas, su energía puesta en el afán de un crecimiento conjunto como seres humanos, despertando al artista que cada uno lleva dentro de sí.
Parafraseando a José Ingenieros, se vuelven los artífices de su propio existir, y creo en lo bueno que eso trae para cada uno y el entorno. Una serena responsabilidad consecuencial con cada elección que se hace o se deja de hacer.


Irma: ¿Qué aspectos privilegiás al pensar sus reuniones o clases?

Cynthia: Pongo el énfasis en que cada uno es único e irrepetible. Por eso privilegio al espacio que cada uno ocupa. Sostengo que hay que tener la humildad de saber que somos muy pequeños, pero que sin la existencia de cada uno de nosotros, todo sería diferente. Privilegio la creatividad como mecanismo de transformación.
Privilegio la expresividad, como la libertad que cada uno se da para tratarse amorosamente y legitimizar al prójimo del mismo modo.


Irma: ¿Qué podrías comentar sobre los resultados o transformaciones que detectás en tus talleristas y en también en vos misma desde tu rol de coordinadora?

Cynthia: Yo digo que los procesos llevan tiempo. Nuestra capacidad de síntesis se ha visto frustrada en esta moda actual de inmediatez, en donde se inhibe la capacidad de ver, de tener una observación precisa. Para poder crear, hay que poder ver y en este sentido, la vida ofrece posibilidades extraordinarias. La mayor transformación la veo, cuando nos embarcamos en procesos de aprendizaje y nos damos el tiempo para transitarlo amorosamente. Es algo que tenemos en común los talleristas y yo misma desde mi rol de coordinadora y creadora de cada uno de estos espacios.


Luego de finalizado el reportaje, le propuse a Cynthia que me transcribiera un texto con sus horarios de taller y actividades y ahí va lo que me envió:“ El mundo me pertenece, como yo le pertenezco a él reinventándome, y creando conexiones en un profundo lazo de amor desde el artista que habita en mí. El verdadero aprendizaje llega a la esencia de lo que significa ser humano. Mediante el aprendizaje nos re-creamos y nos volvemos capaces de realizar lo que nunca antes pudimos hacer.

Lo que ofrezco son 3 talleres y Conversaciones de Coaching.

Talleres y Conversaciones de Coaching

Hay dos modalidades en las que trabajo. Los talleres y las conversaciones de coaching.
Las conversaciones son de uno a uno, lo que se llama Life Coaching en donde el consultante o coachee, viene a plantear una situación que no puede resolver y para la que necesita la ayuda de un otro, que sea idóneo y experto consejero pedagógico, en el sentido de aprendizaje, para que lo asista en el hallazgo de sus propios recursos y en la posibilidad de generar nuevas herramientas, para lograr lo que desea, sea en el plano que sea que se elija tratar. Lo personal, familiar, laboral, social, etc.

Esta actividad se articula con la otra que practico coordinando talleres. Los que ofrezco son:

Literario---------------------Viernes de 20.00 a 22.00 hs.
Int. Emocional--------------Jueves 18.00 a 20.00 hs.
Arte Terapia----------------Viernes de 18,00 a 19,30 hs.
Literario para --------------Miércoles de 15.30 a 17.30 hs.
Adultos Mayores “
Cynthia Grinfeld tel: 4521 -2373 y cel.: 155 119 3110
Artista Plástica - Coach Profesional - Acompañante Terapéutica
Arte Terapeuta
http://grantallercynthiagrinfeld.blogspot.com/
http://www.cynthiagrinfeld.com.ar/

"La única manera de vivir bien es desde el lugar de la amorosidad de cada uno"

Este artículo se publicó el jueves 2 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
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EL AFUERA ES EL ADENTRO



Le escuché decir a Pablo, mi reflexólogo holístico: "El afuera es la propia conciencia expandida", yo lo decía de otra manera aunque significa lo mismo. Todo vino a cuento de que fueron tantos los cambios producidos por la reflexología que comencé a responder con miedo; es natural.
Una mañana al despertarme y recordar que tenía mi sesión semanal de reflexología, me asusté y en este instante se cortó la luz; suele cortarse la luz en mi barrio pero supe que iba a costar, que la energía iba a tardar en volver. Y así fue. Tuvieron que venir a romperme la vereda hasta que por fin, en la noche, regresó la corriente eléctrica. Los humanos somos campos electromagnéticos y lo que nos rodea está inmerso en ese campo, nuestros pensamientos operan sobre las energías densas y sutiles que nos involucran. Por eso Louise Hay afirma que somos respondables de las personas que están en nuestra vida así como de lo que nos pasa ya que, al igual que los planetas, atraemos todo aquello que resuena con nuestro mundo. Son sensibles a nuestro magnetismo eléctrico seres y objetos, pero los aparatos electrónicos obran en mayor consonancia. Todos tenemos muchos ejemplos, pero quizá el más emblemático en estos tiempos sea el de la computadora. La computadora es la extensión de nuestras manos, nuestros oídos y nuestros ojos y nos ha hecho seres poderosos en este mundo moderno, llegamos tan lejos, nos informamos de tantas cosas en el momento en que están ocurriendo, que cuando se descompone nuestra PC nos descomponemos nosotros mismos, o mejor dicho nosotros mismos produjimos su descompostura.
Estoy muy atenta a lo que sucede a mi alrededor, le pregunto a mi Maestro y me contesta a veces con palabras que están en mis pensamientos y otras veces con fenómenos visibles. Y ya lo sabemos: somos responsables de lo que viene a nosotros, personas o acontecimientos, ya que expresan nuestro nivel de conciencia, el estado de nuestra mente y la vibración de nuestras emociones. Suelo repetir "el afuera es el adentro", pero la frase de Pablo me gusta más. Entonces mezclando ambas frases puedo decir: "El afuera es el adentro desplegado". Existe una correspondencia entre mi interioridad y el mundo circundante. Aquí tampoco hay separación. Es un útil espejo ese mundo que nos rodea, nos muestra nuestro perfil humano, así como las fábulas y los cuentos o las películas y las novelas que son nuestras fábulas modernas, nos dan a conocer mediante simbolos el embrollo que nuestra mente no siempre logra desentrañar. Todo habla alrededor de nosotros, y nosotros, obviamente no hablamos sólo a través de palabras.



Este artículo se publicó el jueves 9 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/

                                                                             
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