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jueves, 15 de diciembre de 2011

LA IMPERMANENCIA Y LOS CICLOS DE LA VIDA

Eckhart Tolle con el Dalai Lama


  A Continuación transcribo un párrafo del libro “El poder del Ahora” de Eckhart Tolle. Obviamente algunas de estos conceptos pueden ser ampliados o cuestionados. Por ejemplo el que habla de que se necesita pasar por la experiencia del dolor para evolucionar. Últimamente solemos escuchar que ya no es preciso sufrir para aprender, esto se aplica a los niños que vienen a ayudarnos a crecer espiritualmente. La energía del planeta ha cambiado, se ha sutilizado y ya no necesitamos tocar fondo para ascender porque hay menos tensión entre las polaridades. Sin embargo Tolle lo pone como ejemplo aquí y no como condición indispensable. De todos modos es un concepto que podría profundizarse, ya que estar en la tierra por más evolucionados que lleguemos a estar no nos libra del juego de polaridad de la materia que es en suma el  concepto general del párrafo trascripto. También es interesante destacar el modo en que es vista la enfermedad, como una vía de autoconocimiento, como un medio a veces útil en tanto el alma emplea al cuerpo como un camino. Cuando en este párrafo Tolle habla sobre el fracaso y el éxito no pude menos que recordar las palabras del escritor argentino Jorge Luis Borges quien, a veces con humor y otras con intensidad, minimizaba su lugar en el mundo de las letras relativizando éxito y fracaso al mismo tiempo.

 
                 LA IMPERMANENCIA Y LOS CICLOS DE LA VIDA
“…mientras usted está en la dimensión física y ligado a la mente humana colectiva el dolor físico -aunque raro- es aún posible. Esto no debe confundirse con el sufrimiento, con el dolor mental emocional. Todo sufrimiento es creado por el ego y se debe a la resistencia. Además, mientras usted esté en esta dimensión, está aún sujeto a la naturaleza cíclica y a la ley de impermanencia de todas las cosas, pero ya no percibe esto como “malo”. Simplemente es.
       Al permitir el “ser” de las cosas, se revela una dimensión más profunda bajo el juego de los contrarios, como una presencia permanente, una profunda quietud que no cambia, una alegría sin causa que está más allá del bien y del mal. Esta es la alegría del Ser, la paz de Dios.   En el nivel de la forma hay nacimiento, muerte, creación y destrucción, crecimiento y disolución de las formas aparentemente separadas. Esto se refleja en todas partes: en el ciclo de una estrella o un planeta, en un cuerpo físico, un árbol, una flor, en el  surgimiento y la caída de las naciones, los sistemas  políticos, las civilizaciones; y en los inevitables ciclos de ganancia y pérdida de la vida de un individuo.     
 
Hay ciclos de éxito, cuando las cosas vienen a usted y prosperan, y ciclos de fracaso, cuando se retira o se desintegran y usted tiene que dejarlas ir para dejar espacio a que surjan cosas nuevas, o para que ocurra la transformación. Si usted se aferra y se resiste a este punto, significa que está  rehusando seguir el flujo de la vida, y sufrirá.
   
 
   No es cierto que el ciclo ascendente sea bueno y el descendente malo, excepto en el juicio de la mente. El crecimiento se considera positivo habitualmente, pero nada puede crecer por siempre. Si el crecimiento, de cualquier tipo, continuara por siempre, se volvería eventualmente monstruoso y destructivo. Se necesita la disolución  para que pueda ocurrir nuevo crecimiento. Uno no puede existir sin la otra.
   
 
El ciclo descendente es absolutamente esencial. Usted debe fracasar profundamente en algún nivel o experimentado una pérdida o un dolor profundos para ser llevado a la dimensión espiritual. O quizás el mismo éxito se volvió vacío y sin significado y así resultó un fracaso. En este mundo, que permanecerá en el nivel de la forma, las personas “fracasan” tarde o temprano, por supuesto, y cada logro eventualmente se convierte en nada. Todas las formas son impermanentes
  Usted puede de todos modos ser activo y disfrutar el crear nuevas formas y circunstancias, pero no se identificará con ellas. No las necesita para obtener un sentido de sí mismo. No son su vida, sólo su situación vital.    Su energía física también está sujeta a ciclos. No puede estar siempre en un tope. Habrá época de energía baja así como otras de energía alta. Habrá períodos en los que usted es muy activo y creativo, pero también puede haber otros en los que todo parece estar estancado, cuando parece que usted no llega a ninguna parte, no logra nada. Un ciclo puede durar desde unas horas hasta varios años. Hay grandes ciclos y ciclos cortos dentro de los largos. Muchas enfermedades se producen por luchar contra los ciclos de la energía baja, que son vitales para la regeneración. La compulsión a actuar y la tendencia a derivar su sentido del propio valor y de la identidad de factores externos tales como el éxito, es una ilusión inevitable mientras usted esté identificado con la mente. Esto le hace difícil o imposible aceptar los ciclos bajos y permitirse ser. Así, la inteligencia del organismo puede tomar el control  como una medida autoprotectora y producir una enfermedad para  forzarlo a detenerse, de modo que pueda tener lugar la regeneración necesaria.
      La naturaleza cíclica del Universo está estrechamente ligada con la impermanencia de todas las cosas y situaciones. El Buda hizo de esto una parte central de su enseñanza. Todas las condiciones son altamente inestables y están en flujo constante, o,  como Él lo expresó,  la impermanencia es una característica de toda situación que usted pueda enfrentar en su vida. Estas cambiarán, desaparecerán o ya no le satisfarán. La impermanencia es también fundamento en el pensamiento de Jesús: “No guarden tesoros en la tierra, donde la polilla y la herrumbre los consumen y donde los ladrones entran y roban…”    
 
Mientras una condición se considere “buena” por la mente, sea una relación, una posesión, un papel social, un lugar o su cuerpo físico, la mente se apega a ella y se identifica con ella. Lo hace feliz, lo hace sentirse bien consigo mismo y puede formar parte de lo que usted es o de lo que cree que es. Pero nada dura  en esta dimensión donde la polilla y la herrumbre consumen. O termina o cambia o sufre un cambio de polaridad: la misma condición que era buena ayer o el año pasado se ha vuelto mala de repente o gradualmente. La misma condición que lo hizo feliz, lo hace entonces infeliz. La prosperidad de hoy se vuelve el consumismo vacío de mañana. El matrimonio y la luna de miel felices se convierten en el divorcio o la coexistencia desdichada. O la condición desaparece, así que su ausencia lo hace infeliz. Cuando una condición o situación a la que la mente se ha apegado y con la que se han identificado cambia o desaparece, la mente no puede aceptarlo. Se aferrará a la condición que desaparece y se resistirá al cambio. Es casi como si le arrancaran un miembro de su cuerpo.
    
 
 A veces oímos decir que personas que han perdido todo su dinero o cuya reputación se ha arruinado, se suicidan.  Estos son los casos extremos. Otros, cuando tienen una gran pérdida de un tipo u otro, simplemente se vuelven profundamente infelices o se hacen daño a sí mismos. No pueden distinguir entre su vida y su situación vital. Hace poco leí sobre una famosa actriz que murió a los ochenta y tantos años. Cuando su belleza empezó a desvanecerse y a ser devastada por la vejez, ella se volvió desesperadamente infeliz y se recluyó. También ella se había identificado con una condición: su apariencia externa. Primero, la condición le dio un sentido feliz de sí misma, luego uno infeliz. Si hubiera sido capaz de conectarse con la vida sin forma y sin tiempo de su interioridad, podría haber observado y permitido el marchitamiento de su forma externa desde un lugar de serenidad y paz. Más aún, su forma externa se habría vuelto cada vez más transparente a la luz de su naturaleza verdadera y sin edad que brillaba a través de ella, así que su belleza no se habría marchitado sino simplemente se habría transformado en belleza espiritual. Sin embargo, nadie le dijo que esto era posible. El tipo de conocimiento más esencial no es todavía ampliamente accesible.”

        
Páginas 177 a 180 de “El poder del Ahora” de Eckhart Tolle  Grupo  Editorial Norma- Buenos Aires 2000

miércoles, 7 de diciembre de 2011

FIESTAS DE FIN DE AÑO

  Ya se siente el clima de las fiestas, en la calle, en las reuniones donde de pronto nos escuchamos diciendo: Si no te veo, te deseo felices fiestas. Entonces algo ocurre. Los balances de fin de año, las ausencias o los proyectos no concretados aparecen mostrándonos su lucecita roja. Y todo eso otro que viene vaya a saber desde dónde y que aflora: emociones, recuerdos, impulsos.  Ya sabemos que lo que la sociedad nos ofrece está cercano al aturdimiento. Comprar y consumir objetos, y no sólo objetos sino situaciones esperables. Lo que falta y lo sabemos, es la conexión con nuestro interior y la fecha con su vibración privilegiada es lo que en verdad nos está propiciando, pero no es lo que la gente suele buscar. La mayor parte de los conflictos sobreviene porque no se combinó la cena aquí o allá, con este pariente o con este otro. Lo que yo percibo en estos días es esa sensación de que  las personas se persiguen a sí mismas persiguiendo acciones que en muchos casos no son significativas.  Las personas tratan de no estar solas físicamente hablando, se reúnen, a veces produciendo encuentros legítimos, pero otras tantas sólo para embriagarse o hacer ruido. Hay mucho ruido y ese es el problema. Lo que me pide mi interior es una gran dosis de silencio y como todos años me ocurre que no sé qué hacer, ni adónde ir. Y sé que no se trata de que cene con fulano o mengana. Este año más que nunca escucho una voz que me pide silencio. Y resulta irónico, todo el mundo habla de reunirse, te dice que no te quedes sola como si estar sola fuera una maldición. Sin embargo yo no encuentro silencio donde hay tanta gente, gente que suele no poder escucharse a sí misma. Tengo la absoluta convicción de que lo que todos necesitamos hoy más que nunca es parar el mundo. Hay una frase que dice con frecuencia en sus libros Carlos Castaneda: apagar el mundo. Para entrar en el espacio sagrado necesito apagar el mundo y no ensordecerme con él, en medio de él y en nombre de él. Cristo naciendo en un pesebre me parece una imagen perfecta. Los animales no hablan. Y por si esto fuera poco, a todo el bochinche se le suman los petardos y toda esa pirotecnia ensordecedora.  La energía que viene desde el 11-11 y, por supuesto, desde más atrás también, nos pide reconocimiento y conexión con el ser interno.  Para que algo nazca, algo nuevo, desde ya, necesitamos tener conciencia de aquello que debe morir en nosotros creando así el espacio necesario para eso que antes no estuvo.  El silencio es el territorio de la Divinidad. En el silencio donde parece no existir nada, podemos encontrarlo todo. Demasiada comida, demasiados objetos recién comprados, demasiadas acciones no hacen más que atiborrarnos. Eso es lo que siento, lo que pide mi alma, por ahora.
                                           

martes, 22 de noviembre de 2011

ACTITUDES REACTIVAS

Ocurre con  frecuencia que cuando reaccionamos muy rápido ante la pregunta o el comentario de otra persona y por lo general reactivamente es porque una parte de nosotros intenta cubrir algo, en especial ante nosotros mismos. La respuesta se vislumbra demasiado automática, demasiado mecánica y por eso mismo muestra su necesidad de tapar enseguida. El silencio invita a la reflexión, a dar vuelta lo escuchado, a observarlo, a contemplarlo. La palabra inmediata sella, clausura posteriores interpretaciones.
    No es raro que las personas que reaccionen tapando con su respuesta o su opinión lo que el otro dice sean conservadoras, conservan lo que ya conocen y no lo quieren cambiar. Y no es raro tampoco que estas personas estén expuestas a vivir grandes dolores. En parte porque la actitud reactiva que es un modo de funcionar de la mente se imprime en todo su ser y por lo tanto en todos los planos de su existencia, Es un mecanismo bipolar. La polaridad reinando en todos los espacios es como un péndulo que se agita de un lado al otro y no cesa.  En esta modalidad de funcionamiento es muy común escuchar que las personas suelen ponderar mucho algo para criticar excesivamente su opuesto, al menos en algunos o algún aspecto. Esa oposición extrema parece darle sentido a su vida y configura su paradigma. Suelen haber también muchos juicios de valor sobre las otras personas y su forma de proceder. Todo busca ser catalogado bajo una forma fija e invariable. Es el reino de la mente y, por lo tanto, el corazón está afuera, la compasión  se encuentra lejos y la persona sufre de una carencia básica: su juicio la aleja de los seres y las cosas enormemente. El resultado es una sensación de soledad.
   La experiencia del dolor en estos casos es un gran remedio. El dolor se presenta como una experiencia que aunque desearíamos evitarla como fuera, a mediano o corto plazo abre las puertas de una liberación de esta forma de funcionamiento. ¿Qué hace el dolor? El dolor profundiza un lado de la polaridad, como si acorralara al ser y lo llevara allí para que experimente en profundidad una de las caras de la moneda. Bien se dice que tocando fondo se puede subir a la superficie. Y así opera. Después del dolor algo ocurre con el movimiento pendular u opositivo. Algo que  en lo podríamos  profundizar. El alma buscó esa experiencia del dolor para superar ese movimiento insoportable que aislaba del amor a la persona. El dolor no es el único camino, es el camino que a veces necesitamos utilizar en  última instancia porque no hemos podido aprender de otra manera. Claro que a veces la experiencia del dolor no rescata a la persona de ese modo de operar sobre sí misma y el mundo, a veces agrava y profundiza el funcionamiento bipolar. Eso sucede cuando la respuesta no es la adecuada, cuando se instala el resentimiento. Re- sentir: volver a sentir. Cuando la persona no se deja atravesar por el dolor o no lo atraviesa y convierte ese dolor en un polo más fuerte para seguir operando dualmente. Es decir no sale del apego sino que encuentra en la experiencia una nueva forma de fortalecer lo viejo y no de trascenderlo. Pero ya sabemos que nadie sale inmune del dolor, algo queda en el alma, algo que el alma quizá más adelante pueda reelaborar, indagar, en el dolor hay una lucecita que está muy encerrada y vino a socorrernos de nosotros mismos.
   Sabemos que el dolor que,  ha sido una forma de crecimiento típica de la era pisciana, no es el camino que se nos abre como más fecundo y prometedor en los tiempos que corren. Estamos aprendiendo a crecer desde el amor, sin embargo  formamos parte de la escuela de vida y no podemos ocultar aún que ese es un camino que todavía existe.
   El amor supera la dualidad, el amor nunca nos hace sentir solos estemos donde estemos. El amor es la forma en que la divinidad se muestra en este plano de existencia en todos los niveles de la creación.



Foto Carmen Fernández
   


                                        

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viernes, 28 de octubre de 2011

ARGENTINA, PATRIA DE LA DIVERSIDAD

                                                     



  Desde que tengo memoria he escuchado conversaciones en las que todos recordábamos a un abuelo o a un bisabuelo inmigrante. En la Argentina la gran mayoría de los habitantes somos hijos o nietos de los barcos. Un barco es algo tan frágil si se lo mira desde lo alto, tiene un nombre de bautismo y  se mueve por la fluida agua. De allí venimos los argentinos.  Se dice también que nuestros ancestros  llegaron con una mano atrás y otra adelante. Esa es la metáfora más común para expresar que no  trajeron nada material. Sólo trajeron memoria, cultura, un  apellido que, en unos cuantos casos, fue desdibujado o alterado según la torpeza o el desconocimiento del empleado de aduana que no entendía el alemán o desconocía las dobles consonantes italianas. Somos hijos de la transformación permanente. Pero también de la desmemoria. Nuestros abuelos y bisabuelos querían afianzarse, ser aceptados, hacer la América y cortaron lazos con sus países de origen.  Aprender el idioma, escolarizarse, nacionalizarse cuanto antes y así  la familia quedó del otro lado del océano, desmembrada. Los argentinos somos, entonces, hijos de la pérdida, una pérdida que a veces sabemos trascender en desapego y en otros casos, por desgracia, no.
    Se suele decir que los argentinos hacemos un poco de aspaviento con nuestros ancestros europeos  siendo  habitantes de un continente indígena. En parte puede ser por este afán tan nuestro de agrandar las cosas, la prosapia tanto como la tragedia. Pero quizá intentamos compensar esa falta de raíz que nos dejó el largo viaje por agua en barco y el corte que se hizo, como falta  el lazo, intentamos repararlo haciendo memoria. Yo, personalmente tengo abuelos y bisabuelos alemanes, austríacos, franceses, italianos del norte, pero mi cara es mora,  igual a la de mi madre que tenía ancestros españoles. Y seguro que por allá atrás tengo sangre india y de judíos conversos. En mi familia todos tenemos ojos de distinto color.
   Esta mezcla de razas, credos y culturales ha dejado huellas en lo que es nuestra nación. La mirada de los extranjeros que visitan por primera vez nuestro país suele ser una mirada con un poco de asombro. Dicen: No pensamos que Buenos Aires era una ciudad cosmopolita tan al sur, no me imaginé que la gente fuese tan amigable o es increíble el largo viaje que hay que hacer, mucha pampa, para ir de un sitio a otro. El contraste es otra cualidad u otra desventaja según se lo mire. Grandes extensiones de tierra, diversidad geográfica, nos jactamos de tener los cuatro climas en el territorio nacional, sitios deshabitados y ciudades superpobladas donde nos apiñamos.
    En el preámbulo de nuestra Constitución Nacional se dice expresamente que el país está abierto para todos aquellos que quieran habitar el suelo argentino. No dejo de leerlo sin emoción, la misma emoción que me despierta el evocar a mi bisabuelo viniendo joven de una Italia que lo llenó de hambre, en la bodega de un barco. Una mano atrás y otra adelante en el principio y luego todos nosotros con los brazos abiertos. Esa es la Argentina, este país, el mío, que amo profundamente.  Un país que generalmente tratamos muy mal, que aún no aprendimos a valorar. Se  anunció que la Argentina iba a ser un centro de evolución espiritual. Pensé que era otra de nuestras megalomanías. Por un lado somos grandilocuentes pero también  muy creativos, inteligentes. Venimos de la escasez y periódicamente sufrimos crisis económicas o sangrientos golpes militares. Y siempre renacemos.  Con muy poco inventamos algo, siempre nos las arreglamos. Lo cierto es que era cierto eso de la evolución espiritual, ya lo estamos viviendo: en la Argentina el nuevo paradigma se avizora en cursos, en talleres, en toda clase de enseñanzas y muchas veces gratuitos. Esto es un semillero. Claro, a veces somos frívolos y abrazamos las ideas que vienen de afuera con tanta facilidad. Pero estas ideas, las espirituales, vienen de adentro. Somos raros, lo sé, somos ese tan mentado “crisol de razas”.  No sabemos cerrar nuestras fronteras, no conocemos el sentido de la autoprotección, vienen y se llevan lo que quieren: peces, agua, metales preciosos, extensiones territoriales, las islas Malvinas. Y seguiremos recibiendo gente porque lo que tenemos de defecto lo tenemos también de cualidad. Una especie de contradicción andante. No podía ser de otra manera, esta es una tierra fértil para la evolución espiritual. Todo está por empezar, todo se renueva a cada instante. Hay profecías que dicen que vendrán muchos, muchos más. Que vendrán como nuestros abuelos y bisabuelos con una mano atrás y otra adelante. Y nosotros, por supuesto, estaremos con los brazos abiertos.
                                                                               
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martes, 18 de octubre de 2011

CADENCIAS

           

  Me desperté entonando la melodía de una plegaria que estoy estudiando. Raro, me dije, tardo bastante en memorizar sonidos. Tenía pensado escribir un artículo pero enseguida sonó el timbre, muy temprano, eran los obreros del edificio  de al lado de mi casa que venían a quitar los parantes de mis patios. Otra vez el ruido, la suciedad. Pero al menos avanza el proceso hacia cierto nuevo orden que en realidad me permite recuperar la casa que alguna vez tuve.  De pronto escuché a los dos obreros hablando en guaraní y tuve la sensación de que el guaraní era un espacio sagrado para ellos, un espacio que los encerraba en lo familiar, que los vinculaba fuera de la intrusión del mundo. Yo, por supuesto, no entendía nada. A pesar de las molestias la idea del artículo me seguía dando vueltas en la cabeza. Quería escribir sobre el modo en que las personas fueron creando corazas a lo largo de la historia, de cómo la falta de amor y aceptación hace nacer en un niño el ego como forma compensatoria y con los años nace el orgullo para remediar ideales rotos. Pensaba en la forma de desmontar el camino que vino atravesando nuestra humana conciencia para llegar hasta hoy. Y hoy es la ruptura con un orden donde prevaleció la armonía. Se trata de un armado artificial, de una estructura que intentó remediar la falta de amor y ocupó su lugar. El resultado desde ya es una suerte de anemia espiritual.  La energía busca atajos, sigue moviéndose y al no hallar la frecuencia óptima digamos que funciona en disonancia. Así fui viendo el camino de la humanidad. Claro que también pensaba en que ese orden lo hemos comenzado a recuperar, en eso estamos y no hay manera de frenarlo.

   Lamentablemente mi artículo era sólo una idea, un proyecto en mi cabeza mientras los obreros paraguayos balbuceaban su idioma y a cada rato me llamaban: Doña, tiene agua fría,  y un balde. Y por favor esto o aquello. Uno de los paraguayos se subió sobre los parantes, quedó alto y enclenque en el aire alto, el otro tironeaba. Entre ellos se entienden, pensé, traen a su país a cuestas, nunca se fueron, nunca se van a ir, su conversación  me lo atestigua.
   Lo interesante, me dije,  siguiendo con la idea de mi artículo es que la energía se las arregla siempre para amoldarse, no desaparece, es blanda, es obediente a nuestro planteo interior. ¿De qué forma nos desviamos tanto del camino del corazón? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Hasta cuándo?  
   Mientras pensaba en el artículo que tal vez ya no iba a escribir y escuchaba el rumor de las conversaciones en guaraní me di cuenta,   de un modo inesperado, que la plegaria que había comenzado a estudiar me acompañaba internamente como un sonido de fondo, que esa melodía me atravesaba y su compañía me daba abrigo,  pensé entonces que el sonido y la cadencia del guaraní a los obreros les  otorgaba identidad mientras trabajaban, que ese idioma los rescataba de la indiferencia de la gran ciudad.  Así, quizá de alguna manera confusa, sentí que existía una corriente de amor que nos atravesaba y que venía desde muy lejos y que nunca se había interrumpido. Esa corriente ha permanecido intacta  y nos viene sosteniendo desde el principio a todos, al mundo entero, al universo. Ya no necesitaba escribir, las palabras de los obreros en su idioma natal y el ritmo de mi plegaria llenaron mi casa, mi alma. Todo estaba en orden.



                                
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domingo, 16 de octubre de 2011

CUANDO EL CONFLICTO ES NUESTRO ALIMENTO


 Sabemos que todo ser vivo necesita nutrirse para vivir. El humano fue configurando sus funciones cerebrales en función de esa supervivencia física, por eso aún ahora tenemos ciertos condicionamientos como raza que responden a viejos patrones de supervivencia que nos entroncan con los primates. Muchas de nuestras respuestas emocionales siguen estos patrones y hasta el modo en que almacenamos grasa está pautado por un cerebro que necesitaba sobrevivir en época de hambrunas cuando la realidad presente en muchas sociedades actuales está lejos de esa situación. Ahora bien, en el plano energético por una ley de correspondencia inevitable sucede algo similar. Todas las personas necesitan imperiosamente cargarse de energía, la forma más equilibrada es a través del amor, pero cuando la energía del amor está ausente aparecen mecanismos de compensación y la persona se carga de energía sutil mediante esos mecanismos que no vibran en frecuencias de amorosidad.
    Uno de ellos es el conflicto. El conflicto de apoya en la dualidad y como bien sabemos, el amor trasciende esa dualidad. De modo que estamos hablando de dos energías diferentes. Conocemos perfectamente a personas que siempre están sumergidas en situaciones aparentemente indisolubles, tironeadas por esto o aquello. Cuando en apariencia una situación se resuelve comienzan a ser atrapados por otra, cambia el escenario, cambian los actores pero el comportamiento de la energía es el mismo. Se habla de adicción al dolor, gente que necesita que ocurra algo en su vida para sentirse viva.  Estamos frente a un caso de falta de amor, cuando el amor surge todo se nivela, todo se comprende, todo se acepta. En muchas ocasiones cité el ejemplo de las plantitas. Es un experimento que cualquiera puede hacer en su propia casa. Tenemos tres plantas. Una es regada con amor, se le habla, se le pone música, se la riega experimentando cariño hacia ella. Otra es regada con absoluta indiferencia y otra con odio, se la insulta, se la somete a ruidos disonantes. Pues bien: al cabo de un tiempo la planta regada con amor está rozagante, la regada con odio está exactamente igual de espléndida. La que muy probablemente esté seca es la regada con indiferencia. Esto nos demuestra que todo ser vivo necesita alguna clase de energía para sobrevivir. Es conocido el caso de los niños que lloran en hogares colectivos, alejados de sus madres. No bien alguien los alza, se calman. Necesitan el contacto humano, la vibración energética que les paute un modo de vibración a su propio organismo. Cuando un ser humano no encuentra eso en la  cordialidad de las relaciones, suele suplirlo con violencia, la violencia no es otra cosa que el quebrantamiento del ritmo de una energía equilibrada, por eso decimos que la violencia es la ruptura de la ley del amor. Socialmente estamos viendo cómo esto ocurre en forma diaria. La necesidad de la noticia que cause impacto, del escándalo, de la aparición de emociones como la indignación, el enojo y todas sus variantes no son otra cosa que un intento desesperado por nutrirse que hace la gente. Equivoca la frecuencia vibratoria, es simple y llanamente una  falta de conocimiento básico. Hoy, que está tan boga la modificación de la dieta nutricional, quizá estemos más aptos para revisar con qué otra clase de alimentos nos sostenemos.
Recuerdo una situación muy concreta y muy decisiva para mí. Aquel día había sido invitada a dar una charla en una escuela para chicos, me llamó la directora por teléfono y me dijo que iba a pasarme a buscar un remise. Llegó el remise y luego de un viaje bastante prolongado noté que entrábamos en una villa de emergencia. La escuela estaba en el medio de la villa. Lo que ocurrió después abrió mi corazón. Las madres de los alumnos habían venido a escuchar a esa escritora de literatura infantil para aprender algo. Lo curioso es que yo aprendí de ellas mucho más. Después en una breve charla con la directora sobre la tarea social y no sólo educativa que de desarrollaba allí y de las muchas dificultades me contó una anécdota que para mí resultó reveladora.
     Me contó la directora que un estudiante no se adaptaba, se peleaba, creaba situaciones de conflicto constantemente y ya no sabían qué hacer con él. Una vez algo ocurrió y el chico empezó a llorar desconsoladamente, fue algo que llegó a su centro y modificó sus emociones. Entonces este chico dijo algo que se podía interpretar como que él no sabía que la gente se podía relacionar amablemente, con dulzura y aceptación, simplemente nunca lo había conocido en su casa, lo único que había aprendido y experimentado era relacionarse desde la violencia. Su forma de relación era esa porque esa es la que había conocido en su casa. Para él conectarse con otra persona era crear fricción porque su experiencia lo llevaba a eso.  Como las plantitas del experimento este chico recurría a la forma de adquirir energía que había aprendido. Cuando aprendió otra y descubrió que se llenaba de otra clase de energía la adoptó porque sus beneficios se hicieron evidentes. Claro que esto no ocurrió de un modo lineal ni sin ida y vueltas, todo camino en este plano se nutre de la dualidad, del juego de luces y sombras en el que necesitamos aprender a movernos evitando ser tragados por la oscuridad. Las energías en sus distintos niveles vibratorios están a nuestra disposición, como los chicos de la escuela podemos elegir aprender a manejarlas o continuar actuando automáticamente sin discernir dejándonos arrastrar por lo denso y oscuro. Sí, podemos elegir, de eso no cabe la menor duda.
                                                                    

ENTREGA Y TRASCENDENCIA

 


Al parecer nuestra mente se adhiere, se estanca en un pensamiento o en una secuencia ininterrumpida de pensamientos. Tenemos la llamada mente de mono.  Esta metáfora  que surge al asociar el funcionamiento de nuestra mente con el mono se debe  principalmente a la costumbre que tiene un mono de introducir uno de sus miembros superiores en un recipiente para atrapar lo que quiere, su mano al no soltar lo atrapado queda presa dentro del recipiente, si lo soltara, se liberaría. Claro que también esta metáfora se apoya en el hecho de que  el mono tiene un movimiento inquieto, constante y perturbador. De allí que practiquemos la meditación para que nuestra mente se sustraiga de este modo de funcionar o comportarse. Pero claro, la tendencia loca de nuestra mente persiste. Entonces aprender a entregar, a soltar así como ese monito no suelta lo obtenido dentro del recipiente es la clave. Aflojar esa secuencia obsesiva que la mente tiene de atrapar y apegarse a un pensamiento y otro lo llamamos “entrega”. Cuando la mente retrocede, el alma avanza. Es obvio que la entrega no nos resulta una práctica sencilla debido a que tenemos internacionalizado ya desde nuestro ADN este modo de funcionar. Pero la evolución necesita del juego de las polaridades, de modo que nuestra energía pendula y pendula hasta que encuentra un punto medio.  Alcanzar de forma más permanente ese punto medio  alimenta nuestro ejercicio diario en nuestras prácticas, especialmente en la meditación. Sabemos que la clave  está en trabajar con nuestra mente. Entregar o poner la mente en blanco es una acto de sumisión y rendición a un poder superior,  entendemos por superior  a aquello que está por encima de lo rige nuestro funcionamiento mental que es puramente mecánico y, como tal, no puede suministrarnos más que repetición, que volver a lo conocido. El conocimiento no se refugia en la repetición sino en el hallazgo de lo antes no conocido. La entrega implica aceptar el silencio, es lo que comúnmente llamamos “poner la mente en blanco”. Lo blanco, la luz, el silencio, en síntesis conectarnos con la luz que somos y que la cultura y los condicionamientos replegaron a un plano oculto. Desocultar la luz que es nuestro ser interno, lo que somos desde el origen, desde el momento en que el OM comenzó a intensificarse desde su remoto sitio central, es decir acercarnos a ese centro, a esa fuente, la luz misma, lo que somos y hemos olvidado. Sin entrega no hay trascendencia, trascendernos a nosotros mismos, a nuestra partecita animal, ir más allá de lo que nuestro cuerpo contornea, salirnos del tiempo lineal, de la forma alcanzada para vibrar en la alta frecuencia que todo lo abarca. La entrega es la clave, para lo que necesitamos confiar en el infinito poder de esa fuerza


                                                           

ARTE Y ESPIRITUALIDAD: Cynthia Gindfeld

 


CYNTHIA GRINFELD: UN COMPROMISO CON LA CREATIVIDAD Y EL AMOR A LA VIDA





Tuve el gusto de conocer a Cynthia Grinfeld a través de este blog. Luego visité su página y finalmente su casa, que queda cerca de la mía, a escasas cuadras. Realmente Cynthia es una persona excepcional que transmite su entusiasmo por todo lo que la rodea, tiene una gran pasión por el conocimiento y en su sentido de la espiritualidad está muy ligado al contacto humano. Se me ocurrió que podía resultar interesante que también otras personas entraran en su mundo y tuvieran la oportunidad de conocer su trabajo. De modo que le hice un breve reportaje que sigue a continuación:
Irma: Sos artista plástica y a la vez trabajás con la palabra en distintos planos. ¿De qué manera los relacionás entre sí?

Cynthia: Yo creo en la plasticidad de la palabra. Creo en su volumen. De manera que tomo a la palabra como un mundo en sí misma. En esta polidimensionalidad que le atribuyo, destaco su vibración en el aire, como una manifestación visible de energía. Desde este lugar, creo que las imágenes se corporalizan dando al lenguaje de la imaginación, la oportunidad de ser percibido por otros sentidos.
En tanto sostengo que somos seres relacionales y que por esta condición, tenemos vínculos con los otros, la naturaleza, el universo y nosotros mismos, amo a la palabra como eje central de toda conversación.
Es decir que la palabra es una suerte de punto también, por donde pasan infinitas líneas, tal es nuestro planeta, visto desde otra perspectiva.



Irma: ¿Cómo surge tu interés en vincular arte y espiritualidad?

Cynthia: Una concepción de arte vacía de espiritualidad, es como pensar en un nihilismo tal, que por sus mismas características no podría vivir, ni mucho menos trascender.
Siento el espíritu de los grandes Maestros, en su vasta conexión con lo divino que los habita. No imagino a Miguel Ángel, Bach, Mozart o Da Vinci, pudiendo transmitir su señal, sin espiritualidad.
Yo pienso que en el siglo XXI, las personas tienen que cuestionarse muchísimo sobre el tema, para abrir su sensibilidad al aprendizaje de nuevas formas de vida y convivencia planetaria.
La creatividad, es espíritu vivo. Curiosidad y cambio en un continuo fluir.
Creo que el arte es una fantasía en constante evolución.



Irma: ¿Cuáles son los talleres cursos y actividades que estás desarrollando actualmente?

Cynthia: En la actualidad estoy trabajando mucho sobre el vínculo entre cuerpo-emoción y lenguaje de manera integral. Los talleres están enfocados a distintas posibilidades que favorecen el deseo de expresión que hoy tienen todas las personas.
Hay quienes prefieren recorrer un camino de autoconocimiento a través del taller literario. Otras lo sienten desde la plástica. Hay quienes participan de otra manera en el taller de Inteligencia Emocional, y otras se vuelcan al de Arte Terapia.
Sustancialmente, lo que busco desarrollar en los participantes es la toma de conciencia de quienes están siendo en este aquí y ahora, y quienes desean ser.


Irma: ¿Qué clase de observaciones podrías realizar sobre lo que ocurre en tus talleres?

Cynthia: Lo primero que me surge es agradecimiento. A borbotones. Porque sostengo que todos aprendemos de todos. Valoro y me siento privilegiada de recibir a mis alumnos, quienes con total generosidad, vienen y comparten sus vivencias y conocimientos. Sus dudas, su energía puesta en el afán de un crecimiento conjunto como seres humanos, despertando al artista que cada uno lleva dentro de sí.
Parafraseando a José Ingenieros, se vuelven los artífices de su propio existir, y creo en lo bueno que eso trae para cada uno y el entorno. Una serena responsabilidad consecuencial con cada elección que se hace o se deja de hacer.


Irma: ¿Qué aspectos privilegiás al pensar sus reuniones o clases?

Cynthia: Pongo el énfasis en que cada uno es único e irrepetible. Por eso privilegio al espacio que cada uno ocupa. Sostengo que hay que tener la humildad de saber que somos muy pequeños, pero que sin la existencia de cada uno de nosotros, todo sería diferente. Privilegio la creatividad como mecanismo de transformación.
Privilegio la expresividad, como la libertad que cada uno se da para tratarse amorosamente y legitimizar al prójimo del mismo modo.


Irma: ¿Qué podrías comentar sobre los resultados o transformaciones que detectás en tus talleristas y en también en vos misma desde tu rol de coordinadora?

Cynthia: Yo digo que los procesos llevan tiempo. Nuestra capacidad de síntesis se ha visto frustrada en esta moda actual de inmediatez, en donde se inhibe la capacidad de ver, de tener una observación precisa. Para poder crear, hay que poder ver y en este sentido, la vida ofrece posibilidades extraordinarias. La mayor transformación la veo, cuando nos embarcamos en procesos de aprendizaje y nos damos el tiempo para transitarlo amorosamente. Es algo que tenemos en común los talleristas y yo misma desde mi rol de coordinadora y creadora de cada uno de estos espacios.


Luego de finalizado el reportaje, le propuse a Cynthia que me transcribiera un texto con sus horarios de taller y actividades y ahí va lo que me envió:“ El mundo me pertenece, como yo le pertenezco a él reinventándome, y creando conexiones en un profundo lazo de amor desde el artista que habita en mí. El verdadero aprendizaje llega a la esencia de lo que significa ser humano. Mediante el aprendizaje nos re-creamos y nos volvemos capaces de realizar lo que nunca antes pudimos hacer.

Lo que ofrezco son 3 talleres y Conversaciones de Coaching.

Talleres y Conversaciones de Coaching

Hay dos modalidades en las que trabajo. Los talleres y las conversaciones de coaching.
Las conversaciones son de uno a uno, lo que se llama Life Coaching en donde el consultante o coachee, viene a plantear una situación que no puede resolver y para la que necesita la ayuda de un otro, que sea idóneo y experto consejero pedagógico, en el sentido de aprendizaje, para que lo asista en el hallazgo de sus propios recursos y en la posibilidad de generar nuevas herramientas, para lograr lo que desea, sea en el plano que sea que se elija tratar. Lo personal, familiar, laboral, social, etc.

Esta actividad se articula con la otra que practico coordinando talleres. Los que ofrezco son:

Literario---------------------Viernes de 20.00 a 22.00 hs.
Int. Emocional--------------Jueves 18.00 a 20.00 hs.
Arte Terapia----------------Viernes de 18,00 a 19,30 hs.
Literario para --------------Miércoles de 15.30 a 17.30 hs.
Adultos Mayores “
Cynthia Grinfeld tel: 4521 -2373 y cel.: 155 119 3110
Artista Plástica - Coach Profesional - Acompañante Terapéutica
Arte Terapeuta
http://grantallercynthiagrinfeld.blogspot.com/
http://www.cynthiagrinfeld.com.ar/

"La única manera de vivir bien es desde el lugar de la amorosidad de cada uno"

Este artículo se publicó el jueves 2 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
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HUELLAS HUMANAS



 

Suelo indignarme cuando en esta versátil ciudad de Buenos Aires alguien escribe en gruesas letras con tintas indelebles sobre una pared recién pintada. Me duele, lo confieso y me hago mil preguntas: ¿Esa persona no piensa que el dueño o la dueña de la casa gastó dinero para mejorar la apariencia de su vivienda? ¡Cuánta necesidad de expresarse tiene la gente que no se detiene ante nada! ¿Sentirá culpa por dañar así al aspecto de una casa? Y reflexiones por el estilo. En la plaza de mi barrio, Villa Urquiza, recién mejorada, con plantas y bancos nuevos, con rejas muy criticadas por cierto, al monumento central lo llenaron de inscripciones. Intento leer lo que dicen y me sugierenexpresan muy pocas ideas. Pero al parecer la gente necesita decir en forma perdurable lo que necesita decir. Enseguida viene a mi cabeza la canción maravillosa de Joan Manuel Serrat “Por las paredes”. Se ve que a este Serrat de aquel iniciado post franquismo no le molestaba demasiado la falta de urbanidad; fuera de bromas sigo pensando en qué le ocurre al que queriéndose expresar afea todo lo que tenemos a la vista. La verdad es que las frases ya no son muy trascendentes que digamos. Hace poco pasé por el paredón de una iglesia que tenía un cartel en el que podía leerse lo siguiente:

               Respetamos su gusto por grupos musicales,
               Su pasión por un club de fútbol
               Sus preferencias, gustos e ideas de todo calibre
               Pero por favor no las escriba sobre esta pared.


Es curioso, amo la expresividad de la gente, pero mi educación prusiana y mi sentido de la estética, más mi defensa del espacio ajeno me ponen los pelos de punta al ver ganchos y círculos y dibujos grotescos que al menos a mí no me sugieren nada. Claro que suelen aparecer paredes maravillosas con verdaderas obras plásticas, allí no hay palabras sino un trabajo estético impresionante, y curiosamente estos trabajos artísticos que me he dedicado a fotografiar no son realizados en viviendas ocupadas ni en paredes relucientes sino en muros o paredones viejos, de modo que le dan un sello personal a la ciudad y la embellecen. Hablo de esas inscripciones hechas rápidamente que al final producen el efecto de una agresión.


Hace unos días me ocurrió algo gracioso. Resulta que Edenor, la compañía privada de electricidad, tuvo que romper mi vereda, primero encontré sobre mi destartalada vereda que el gobierno de la ciudad debe embaldosas de nuevo, unas inscripciones rojas de lo más misteriosas y pensé en la gente que anda haciendo sus estropicios sobre las paredes y me dije: “Qué suerte que dibujó sobre mi vereda rasposa y no sobre mi pared pintada”. Ese día estuve sin energía eléctrica desde la mañana. Así que cuando empezaron los golpes pude asociar las letras rojas con el arreglo y suspiré para mis adentros. Bueno, los obreros dejaron el barrial acostumbrado y tuve que hacer varios llamados telefónicos para que vinieran a poner su pulcra capita de cemento hasta que el gobierno municipal restaurara mi ya consabida maltrecha vereda. Sabemos que el cemento tarda en secar. Pues bien, yo iba a espiar ese secado a cada rato, no tenía más que asomarme por la puerta de entrada para hacerlo. ¿Pero qué veo? Alguien había escrito sobre el cemento fresco unas palabras que no quiero recordar al lado de un corazoncito. ¡Para qué! Salí con una palita a ver si podía alisar otra vez el cemento y borrar las inscripciones. Lo logré malamente. Luego al asomarme otra vez descubrí que había marcas de zapatillas a pesar de que los obreros habían puesto soportes con cintas indicando que eso debía secarse. Salí a la calle y le hablé al aire:
-¿Cómo es que no ven esto? ¿No notan que se está secando? ¿Por qué pisan?
Pasaban señoras con perritos y algunos hombres que no me contestaron. O no se dieron por aludidos o mi tono de voz era demasiado increpante. También alcancé a estirar un poco el cemento. Unas horas más tarde veo marcas profundas de otros pies, de otros tamaños en ambas direcciones-. Hice el mismo procedimiento. Pero luego encontré nuevamente palabras escritas con un nombre firmándolas. Ah, si yo hubiera agarrado infraganti a ese tal Lucas. La cuestión era que se trataba del cuento de nunca acabar. Me fui a dormir aquella noche pensando en lo ridículo de mi actitud y en que tampoco era tan importante, creo que mi dolor por tanta inscripción ciudadana se corporizó en lo que ocurría frente a mi puerta en mi estropeada vereda.
Sin embargo me quedé pensando en la necesidad de la gente de expresar y recordé la fuerte propensión que hay entre los jóvenes de tatuarse el cuerpo. Esto es muy significativo, si la casa es una segunda piel, la piel del cuerpo ¿qué es? Es lo visible a los ojos de los otros. Algo está necesitando la gente decir y quiere ser escuchada. En esas marcas que las personas inscriben en su cuerpo está la alarma frente a una sociedad que todo lo masifica, al tatuarse intentar dejar una señal, intenta decirnos que son personas con ideas y sentimientos y no máquinas para un sistema que pretende igualarlo todo. Significativamente hay una tendencia mundial a quitarle a las marcas de los productos su signo de status social, de supremacía. Si reflexionamos un poco notaremos que en este sistema las marcas son la cara visible del modelo capitalista organiza alrededor del poder monetario y sustentado por la compra venta de artículos de consumo. Con la tan mentada crisis actual hay una búsqueda de las llamadas marcas blancas, menos costosas e igualmente eficientes. Sabemos que un producto se encarece por su costo en publicidad, publicidad que a fuerza de ser repetida frente a nuestros ojos y oídos nos quiere decir que ese artículo por conocido es bueno. Resulta gracioso, al comprarlo pagamos la publicidad que fue un proceso de programación mental que nos hicieron. Me he enterado que al menos aquí en la Argentina muchos productos son los mismos, sólo tienen envoltorios y marquillas diferentes. Lógico, al ver la marquilla que la TV y la radio y los carteles nos dijeron que eran buenas, pagamos gustosos, pero nunca sabemos bien lo que compramos. Estamos comprando una idea, una ilusión. Estamos comprando una identidad social. Pensando en todo esto me dije que esos tatuajes en los cuerpos de los jóvenes intentan comunicarnos que no quieren masificarse, que son individuos originales, y algo de eso hay detrás de los garabatos que a mi juicio afean las paredes. Tal vez estamos demasiado cansados de esta proliferación de signos en las ciudades, sufrimos la llamada contaminación visual, pero algo importante se dice detrás de lo que se dice y su significado merece ser visto y oído.
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Este artículo se publicó originalmente el sábado 4 de abril de 2009 http://caminanteazul.blogspot.com/
                                                                                           

EL AFUERA ES EL ADENTRO



Le escuché decir a Pablo, mi reflexólogo holístico: "El afuera es la propia conciencia expandida", yo lo decía de otra manera aunque significa lo mismo. Todo vino a cuento de que fueron tantos los cambios producidos por la reflexología que comencé a responder con miedo; es natural.
Una mañana al despertarme y recordar que tenía mi sesión semanal de reflexología, me asusté y en este instante se cortó la luz; suele cortarse la luz en mi barrio pero supe que iba a costar, que la energía iba a tardar en volver. Y así fue. Tuvieron que venir a romperme la vereda hasta que por fin, en la noche, regresó la corriente eléctrica. Los humanos somos campos electromagnéticos y lo que nos rodea está inmerso en ese campo, nuestros pensamientos operan sobre las energías densas y sutiles que nos involucran. Por eso Louise Hay afirma que somos respondables de las personas que están en nuestra vida así como de lo que nos pasa ya que, al igual que los planetas, atraemos todo aquello que resuena con nuestro mundo. Son sensibles a nuestro magnetismo eléctrico seres y objetos, pero los aparatos electrónicos obran en mayor consonancia. Todos tenemos muchos ejemplos, pero quizá el más emblemático en estos tiempos sea el de la computadora. La computadora es la extensión de nuestras manos, nuestros oídos y nuestros ojos y nos ha hecho seres poderosos en este mundo moderno, llegamos tan lejos, nos informamos de tantas cosas en el momento en que están ocurriendo, que cuando se descompone nuestra PC nos descomponemos nosotros mismos, o mejor dicho nosotros mismos produjimos su descompostura.
Estoy muy atenta a lo que sucede a mi alrededor, le pregunto a mi Maestro y me contesta a veces con palabras que están en mis pensamientos y otras veces con fenómenos visibles. Y ya lo sabemos: somos responsables de lo que viene a nosotros, personas o acontecimientos, ya que expresan nuestro nivel de conciencia, el estado de nuestra mente y la vibración de nuestras emociones. Suelo repetir "el afuera es el adentro", pero la frase de Pablo me gusta más. Entonces mezclando ambas frases puedo decir: "El afuera es el adentro desplegado". Existe una correspondencia entre mi interioridad y el mundo circundante. Aquí tampoco hay separación. Es un útil espejo ese mundo que nos rodea, nos muestra nuestro perfil humano, así como las fábulas y los cuentos o las películas y las novelas que son nuestras fábulas modernas, nos dan a conocer mediante simbolos el embrollo que nuestra mente no siempre logra desentrañar. Todo habla alrededor de nosotros, y nosotros, obviamente no hablamos sólo a través de palabras.



Este artículo se publicó el jueves 9 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/

                                                                             
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FACEBOOK O LA CONCIENCIA HORIZONTALIZADA

 


Cuando comencé a formar parte de la página colectiva “Los niños del sol”, conocí a algunas personas muy interesantes, pero no pasé de la primera nota, de dos o tres intercambios. Luego con 101 me pasó que prácticamente no me relacioné con nadie. Más tarde, instigada por la moda, puse mis datos mínimos en Facebook y ahí quedé. Pero no daba pasos, apenas si respondía a las personas que me solicitaban su amistad. Con lentitud llegué por fin a subir mi foto. Y después de que supuse que una amiga a quien he conocido personalmente desde hace años, me borró porque nunca contestaba, comencé a integrarme verdaderamente. Estos sucesos y la práctica alucinante y extraña de entrar en una página donde personas con distintos intereses se mezclan, de este modo por el simple hecho de compartir amigos entramos en mundos nuevos a cada instante, me llevaron a pensar en la eficacia de Facebook para acelerar nuestro proceso de evolución de la conciencia.
Veamos: hasta ahora o hasta no hace mucho, el modo de relación ha sido de persona a persona, o de persona a grupo de personas en casos de clases, recitales, conferencias, etc. Este es un modo lineal o patriarcal de relación. Como la evolución de la conciencia humana es un fenómeno inevitable que en esta época ha entrado en una etapa de aceleración (los mayas decían que en el final de un proceso se acelera la vibración de la energía) hay señales y modos de relación humana que dan cuenta de este cambio. Uno de ellos es la preferencia por la imagen antes que por la palabra, la imagen hace trabajar el hemisferio derecho del cerebro, bastante atrofiado por siglos de primacía de la lecto-escritura. Las relaciones de poder se han ido modificando porque está cayendo el patriarcado y poco a poco se modifica el paradigma, así en vez de ser de arriba hacia abajo, de un patrón autoritario a subordinados, es de igual a igual y no en una sola dirección sino en direcciones múltiples. Asistimos a las videoconferencias, al aprendizaje de niños hacia adultos, de adultos hacia niños, de jóvenes a no tan jóvenes y viceversa. Nadie es dueño del poder, el poder está en todas partes o, en otras palabras, Dios está en todas partes. Internet es la expresión tecnológica de este proceso de cambio que se está produciendo en nuestras conciencias. Y Facebook lo concretiza. Es divertido y enriquecedor ver por ejemplo en una misma página conviviendo a jóvenes que hablan de músicos y a intelectuales de cincuenta años que reflexionan sobre la cultura, la literatura, a gente que al mismo tiempo habla de sus preferencias sobre perros, gatos y comidas. Todo está en un mismo nivel y no es, como decía nuestro eximio Enrique Santos Discépolo en el tango “la Biblia junto al calefón”, es la puesta sobre un mismo horizonte de la importancia de la vida en igualdad, de la importancia de todas las clases sociales, culturales, de diferentes edades para que nuestro cerebro se acostumbre a procesar de un modo distinto, no lineal, no jerárquico y así con el tiempo podamos despertar nuestras capacidades dormidas, nuestro inmenso poder interior.




Este artículo se publicó originalmente el jueves 16 de abril de 2009 en
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Obra de Escher
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SALVATAJES

 



Hay una escena en la vida de Saint - Exupèry, el célebre autor de El principito que es aquella mítica de su casi muerte en el desierto. Sí, así es, Antoine Saint- Exupèry estuvo a punto de morir de sed en un desierto donde cayó aquel avión (hoy pensaríamos proto avión) cuando trabajaba para el gobierno francés repartiendo correo. Saint- Exupèry nos relata la emoción y el amor incondicional que sintió por aquel beduino que le acercó el primer sorbo de agua cuando ya estaba a punto de fallecer. Algo parecido relatan los muchachos uruguayos que estuvieron un mes en los Andes cuando, luego de una caminata épica, alcanzaron a ver a aquel hombre a caballo. Años después, hace poco, aquel hombre de condición humilde necesitó dinero para una operación y treinta años después los sobrevivientes de los Andes la costearon.
Recordando esta sensación de agradecimiento tan enorme que se experimenta cuando alguien en un estado de extrema dificultad rayana a la muerte nos extiende su mano, logramos explicarnos por qué Ingrid Betancur al ser rescatada por en aquel helicóptero luego haber padecido el infierno del secuestro por parte de la FAR en la selva colombiana, agradece emocionada al ejército de su país. No es que Betancur haya dejado de ser democrática para volverse militarista, este sentimiento de profundo agradecimiento va más allá de la ideología porque nos ubica en una dimensión existencial: cuando hemos pasado a esa zona difusa que nos aleja de la vida y una mano nos trae de vuelta, no podemos menos que besar esa mano, porque en medio de la nada, esa mano representa la bondad absoluta.
Hace tres o cuatro años yo tuve un accidente fenomenal. Caí al otro lado, atravesé un techo carcomido de policarbonato y quedé inconsciente durante horas en un galpón abandonado. La sensación de horror al verme en un lugar apartado y sin posibilidad de salida, envuelta en sangre y sin recordar qué había pasado unas horas antes fue revertida por la aparición de los bomberos. No voy a olvidarme nunca del tono de voz, de los brazos que me alzaron y me sacaron de allí. Lo mismo dice Saint- Exupèry de aquel beduino anónimo, un alma inolvidable. Cada vez que escucho la sirena de los bomberos, me invade el mismo sentimiento de gratitud. Ayer, justamente, esperando el colectivo, un señor se fastidió al ver pasar al ruidoso camión de bomberos diciendo que al final hacen tanto ruido y llegan tarde. Le conté mi historia y el hombre también se conmovió. Es curioso, para la mayor parte de la gente una sirena que irrumpe en el silencio es una señal de alarma, así lo atestiguan sobrevivientes de la guerra y sin irnos tan lejos, nosotros, sobrevivientes de la dictadura militar, pero ahora la sirena ha cambiado de signo para mí, entonces me pregunto cuántas cosas pueden cambiar de signo y borrar una huella en el cerebro si la experiencia reparadora es lo suficientemente intensa. Es una buena pregunta para continuar viviendo.

Este artículo se publicó originalmente el martes 21 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
               
                                                           


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NUESTRA IDEA DEL MAL

 


Esta vez vi por televisón abierta la película alemana “La caída” que vi en cine primero y luego en cable. “La caída” muestra los últimos momentos en la vida de Hitler y se desarrolla prácticamente en el interior del bunker en el que Hitler se suicida junto a Eva Braum, convertida horas antes en su esposa. Personalmente a mí la película me fascinó por la reconstrucción de época, por la interpretación de los actores, el clima, el guión, por todo, además siento una atracción muy grande hacia la segunda guerra y el Holocausto.
Un amigo me confesó que no quiso ver esta película porque le habían contado que Hitler estaba representado como un viejito bueno. Yo no creo que sea así. Creo que se ve la faceta de Hitler privada, un hombre amable y atento con las mujeres que lo rodeaban, educado y considerado. Cuesta conciliar esta faceta de una persona que produjo un genocidio espeluznante, aberrante, incluso nos resistimos a creer que eso haya sido cierto, me refiero a la amabilidad de Hitler. La película fue hecha en base a los testimonios de quien fuera su secretaria privada, un personaje importante en la película. Esa es otra historia interesante, la secretaria que aparece al final, la de carne y hueso y no la actriz que la representa, que tenía veintipico de años cuando terminó la guerra, pasó toda su vida con un remordimiento y una falta de perdón hacia su persona por no haber visto la atrocidad en la persona de Hitler. Claro que esta es una película aparte que también vi donde ella cuenta sus experiencias, esta señora murió en el año 2002.
Volviendo a Hitler y sus facetas yo considero que precisamente el que estableciera una forma considerada y amorosa para tratar a unos y otra brutal para tratar a otros, me refiero a los judíos, gitanos y personas desvalorizadas por cuestiones raciales, muestra primero que no era una persona discapacitada emocionalmente, en ese caso podría hasta pensarse en Hitler como un discapacitado afectivo. Pero no, si Hitler conocía esa diferencia es doblemente responsable de lo que hizo en los campos de concentración y de la llamada solución final para los judíos. Esto nos lleva a nuestra personal o particular idea del mal. Pensamos que el malo es malo sin cortapisas, hemos creado entonces un esteriotipo, tenemos una imagen maniquea de la bondad y de la maldad. Porque si alguien representa el mal ese es Hitler, claro que maldad es en su base desconocimiento, del mismo modo que la violencia es el quebrantamiento de la ley del amor, la maldad es el desconocimiento de la condición humana básica. Este reduccionismo sobre la figura de Hitler es lo mismo que la cultura occidental ha hecho con la idea de la muerte; al negar la muerte como parte de la vida vivimos escapando en busca de una belleza que sólo puede ser encontrada en la integración de los opuestos. Vida y muerte son dos lados de una moneda llamada vida, es la danza de Shiva construyendo y destruyendo el mundo. La maldad no existe sin un grado de su opuesto, claro que en el caso de Hitler ese grado ha sido ínfimo pero nos permite construir a un ser completo y no a un esterotipo. Para mí este Hitler privado es un Hitler real y no lo disocio del genocida. Con su gesto de atención hacia las mujeres estaba de algún modo ofendiendo más a los que fueron sus víctimas en los campos de concentración.


Vuelo de Brujas, de Goya

                                                   
Este artículo se publicó originalmente el domingo 26 de abril de 2009 http://caminanteazul.blogspot.com/
                    
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EL VALOR DEL TIEMPO


Leo en la Revista Ñ que un filósofo decide revisar la filosofía occidental desde el marco del pensamiento chino. Interesante eso de salirse de lo propio para desestructurar un pensamiento y ampliar la visión. Y dice por ahí algo parecido a: Se suele creer que no se puede entender el pensamiento chino pero indagando y dándole tiempo a la investigación es posible. Me gustó esa frase de darle tiempo a las cosas. Me pareció que el pensador se había empapado realmente de la visión oriental aportada por China. Porque el gran problema de nuestra cultura es que como nos la pasamos entablando luchas contra todo -porque esa es nuestra forma de relacionarnos- también la hemos entablado contra el tiempo. Y así la gente quiere apropiarse de todo y dice: no tengo tiempo. ¿Cómo no vamos a tener tiempo? El tiempo está, sólo que nos relacionamos equivocadamente con él. Yo personalmente he erradicado esta frase de mi vocabulario y digo por ejemplo: Quiero usar el tiempo para esto en vez de esto. Claro que a nadie le basta el tiempo en la actualidad, en parte por la resonancia Schumann que ha hecho que la vibración se acelere y según dicen vivamos 16 horas en vez de 24 por día y, en parte, porque nuestra ansiedad por llegar a algún lado no nos permite valorarlo verdaderamente. Podemos afirmar que la ansiedad es la enfermedad de nuestra época. Esa ansiedad se apoya en la idea de que para ser hay que hacer, de que la persona vale por las metas que alcanza, entonces por alcanzar una identidad se pierde el sentido de todo, cuando en realidad la identidad está en ser y no en hacer.
A la frase el tiempo es dinero, que en verdad nos gobierna de una u otra forma, los mayas proponían el tiempo es arte. Y lógicamente, si el sentido de mi vida es transformarme para alcanzar más sabiduría y por lo tanto más felicidad, el tiempo es el conjunto de aprendizajes que obtengo para llegar a ningún lugar, porque el conocimiento es un espacio que siempre da lugar a otro y a otro en forma circular, no lineal. No hay una meta fija. El tiempo no es algo que hay que usufructuar o algo que hay que derrotar para llegar a un sitio. Para poner un ejemplo de que en nuestra sociedad el tiempo es vivido como un contrincante al que hay que vencer basta con ver las cirugías estéticas. Estamos equivocados: El tiempo juega a favor del conocimiento si nos amigamos con él y se convierte en un adversario cuando nuestro único foco está puesto en una meta que aspira a ubicarnos por encima de todo. No hay encima de todo en el Universo, en el Universo sólo hay expansión y propósito. No hay dominación aunque temporariamente parezca que sí la hay cuando una estrella colapsa o un meteorito impacta contra un planeta, porque ese hecho da movimiento a otro que luego producirá otro que a su vez alimentará al que fue afectado en un principio. Así el tiempo mirado desde lo amplio no requiere de nuestro apuro. Si observamos una vida entera comprenderemos que luchar contra el tiempo o intentar apropiarse de él no ha tenido sentido. La vida entera se ve cuando ya ha transcurrido, en la figura del anciano. Y qué curioso, eso es lo que nos negamos a ver, la vejez es negada en nuestra cultura. Esta cultura del hacer nos ha metido en un vértigo en el que nos hemos perdido a nosotros mismos y esa confusión nos ha arrastrado, mirar a China o a Oriente es un primer paso para recuperar el sentido de cada cosa, buena idea la de este filósofo que es francés y que se llama François Jullien.

                                                                                 
                                                                           

Éste artículo se publicó originalmente el lunes 4 de mayo de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
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LA CASA


Crecí en una casa grande en el barrio de Floresta. Todavía recuerdo aquella tarde en la que mi padre nos llevó a mí y a mis tres hermanos y subimos a la terraza, corríamos de un lado a otro. Nos parecía inmensa en relación a la casa que habitábamos hasta entonces. Fui a la escuela del barrio y tenía cuatro amigas que vivían todas en la manzana de enfrente. La gente del barrio me conocía y pasaba horas en casa de los vecinos, incluso me iba de vacaciones ellos. El barrio era una casa extendida, mi espacio resultaba enorme. Luego, cuando comencé a vivir sola a los 24 años me compré mi primer departamentito. Dios mío, cuánto le costó a mi cuerpo acostumbrarse a las restringidas dimensiones. Pude comprarme un departamento apenas un poco más grande y luego llegué al tan ansiado departamento de tres ambientes con gran balcón. Pero algo faltaba. Yo me había ido acostumbrando por eso de escuchar: una mujer sola es mejor que viva en un departamento. Salvo mi año en Misiones, viví en departamentos, incluso aquel otro año en el centro de la ciudad de Córdoba. Hasta que, ya siendo una mujer más mayor me dije: ¿Y si intento vivir en una casa? Medio mundo me alertaba sobre los peligros de vivir en Buenos Aires en una casa. El pasaje resultó complicado, pero lo hice. Ahora me doy cuenta de que mi personalidad no tolera los departamentos y me acuerdo de que una reflexóloga con quien hice un tratamiento me había preguntado si vivía en casa o departamento y al contestarle departamento hizo una mueca con su boca.

Algo ocurre cuando nos alejamos demasiado de la tierra. Un especialista en Feng Shui me dijo que la gente no debería vivir más allá del piso séptimo, porque va contra nuestra naturaleza humana. Suele decirse que cuando se compra un departamento estamos comprando aire. Antes de vivir en una casa, no pasaban seis meses sin que yo saliera a lo loca a pasarme unas semanas en las sierras de Córdoba. Decía que necesitaba la energía de ese lugar, pero ahora comprendo -porque eso ya no me pasa- que lo que yo realmente necesitaba era el contacto con la tierra. El contacto con la tierra nos vuelve más terrenales, más verdaderos. Eso de ver la ciudad desde arriba cambia la perspectiva. Yo ahora le veo el rostro a la gente, antes desde un octavo piso me sentía demasiado arriba. Esto también me hizo pensar en aquella idea mía de irme de Buenos Aires a vivir otra vez en una provincia, en realidad Buenos Aires no es el microcentro, es una suma de barrios que en muchos casos, como el de Villa Urquiza, se parecen a veces a un pueblo de provincia. Estoy muy cerca de la general Paz y el barrio es antiguo y la gente se saluda y se reconoce aún igual a como ocurría en la Floresta de mi infancia. A veces no hay que irse tan lejos para encontrar la patria. Yo me fui veinte cuadras más allá y no compré aire sino tierra.

                                                                
Dibujo en ángulo superior izquierdo: obra de Roberto Aizemberg

Este artículo se publicó originalmente el lunes 11 de mayo de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
                                                 
                                      


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