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viernes, 28 de octubre de 2011

ARGENTINA, PATRIA DE LA DIVERSIDAD

                                                     



  Desde que tengo memoria he escuchado conversaciones en las que todos recordábamos a un abuelo o a un bisabuelo inmigrante. En la Argentina la gran mayoría de los habitantes somos hijos o nietos de los barcos. Un barco es algo tan frágil si se lo mira desde lo alto, tiene un nombre de bautismo y  se mueve por la fluida agua. De allí venimos los argentinos.  Se dice también que nuestros ancestros  llegaron con una mano atrás y otra adelante. Esa es la metáfora más común para expresar que no  trajeron nada material. Sólo trajeron memoria, cultura, un  apellido que, en unos cuantos casos, fue desdibujado o alterado según la torpeza o el desconocimiento del empleado de aduana que no entendía el alemán o desconocía las dobles consonantes italianas. Somos hijos de la transformación permanente. Pero también de la desmemoria. Nuestros abuelos y bisabuelos querían afianzarse, ser aceptados, hacer la América y cortaron lazos con sus países de origen.  Aprender el idioma, escolarizarse, nacionalizarse cuanto antes y así  la familia quedó del otro lado del océano, desmembrada. Los argentinos somos, entonces, hijos de la pérdida, una pérdida que a veces sabemos trascender en desapego y en otros casos, por desgracia, no.
    Se suele decir que los argentinos hacemos un poco de aspaviento con nuestros ancestros europeos  siendo  habitantes de un continente indígena. En parte puede ser por este afán tan nuestro de agrandar las cosas, la prosapia tanto como la tragedia. Pero quizá intentamos compensar esa falta de raíz que nos dejó el largo viaje por agua en barco y el corte que se hizo, como falta  el lazo, intentamos repararlo haciendo memoria. Yo, personalmente tengo abuelos y bisabuelos alemanes, austríacos, franceses, italianos del norte, pero mi cara es mora,  igual a la de mi madre que tenía ancestros españoles. Y seguro que por allá atrás tengo sangre india y de judíos conversos. En mi familia todos tenemos ojos de distinto color.
   Esta mezcla de razas, credos y culturales ha dejado huellas en lo que es nuestra nación. La mirada de los extranjeros que visitan por primera vez nuestro país suele ser una mirada con un poco de asombro. Dicen: No pensamos que Buenos Aires era una ciudad cosmopolita tan al sur, no me imaginé que la gente fuese tan amigable o es increíble el largo viaje que hay que hacer, mucha pampa, para ir de un sitio a otro. El contraste es otra cualidad u otra desventaja según se lo mire. Grandes extensiones de tierra, diversidad geográfica, nos jactamos de tener los cuatro climas en el territorio nacional, sitios deshabitados y ciudades superpobladas donde nos apiñamos.
    En el preámbulo de nuestra Constitución Nacional se dice expresamente que el país está abierto para todos aquellos que quieran habitar el suelo argentino. No dejo de leerlo sin emoción, la misma emoción que me despierta el evocar a mi bisabuelo viniendo joven de una Italia que lo llenó de hambre, en la bodega de un barco. Una mano atrás y otra adelante en el principio y luego todos nosotros con los brazos abiertos. Esa es la Argentina, este país, el mío, que amo profundamente.  Un país que generalmente tratamos muy mal, que aún no aprendimos a valorar. Se  anunció que la Argentina iba a ser un centro de evolución espiritual. Pensé que era otra de nuestras megalomanías. Por un lado somos grandilocuentes pero también  muy creativos, inteligentes. Venimos de la escasez y periódicamente sufrimos crisis económicas o sangrientos golpes militares. Y siempre renacemos.  Con muy poco inventamos algo, siempre nos las arreglamos. Lo cierto es que era cierto eso de la evolución espiritual, ya lo estamos viviendo: en la Argentina el nuevo paradigma se avizora en cursos, en talleres, en toda clase de enseñanzas y muchas veces gratuitos. Esto es un semillero. Claro, a veces somos frívolos y abrazamos las ideas que vienen de afuera con tanta facilidad. Pero estas ideas, las espirituales, vienen de adentro. Somos raros, lo sé, somos ese tan mentado “crisol de razas”.  No sabemos cerrar nuestras fronteras, no conocemos el sentido de la autoprotección, vienen y se llevan lo que quieren: peces, agua, metales preciosos, extensiones territoriales, las islas Malvinas. Y seguiremos recibiendo gente porque lo que tenemos de defecto lo tenemos también de cualidad. Una especie de contradicción andante. No podía ser de otra manera, esta es una tierra fértil para la evolución espiritual. Todo está por empezar, todo se renueva a cada instante. Hay profecías que dicen que vendrán muchos, muchos más. Que vendrán como nuestros abuelos y bisabuelos con una mano atrás y otra adelante. Y nosotros, por supuesto, estaremos con los brazos abiertos.
                                                                               
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martes, 18 de octubre de 2011

CADENCIAS

           

  Me desperté entonando la melodía de una plegaria que estoy estudiando. Raro, me dije, tardo bastante en memorizar sonidos. Tenía pensado escribir un artículo pero enseguida sonó el timbre, muy temprano, eran los obreros del edificio  de al lado de mi casa que venían a quitar los parantes de mis patios. Otra vez el ruido, la suciedad. Pero al menos avanza el proceso hacia cierto nuevo orden que en realidad me permite recuperar la casa que alguna vez tuve.  De pronto escuché a los dos obreros hablando en guaraní y tuve la sensación de que el guaraní era un espacio sagrado para ellos, un espacio que los encerraba en lo familiar, que los vinculaba fuera de la intrusión del mundo. Yo, por supuesto, no entendía nada. A pesar de las molestias la idea del artículo me seguía dando vueltas en la cabeza. Quería escribir sobre el modo en que las personas fueron creando corazas a lo largo de la historia, de cómo la falta de amor y aceptación hace nacer en un niño el ego como forma compensatoria y con los años nace el orgullo para remediar ideales rotos. Pensaba en la forma de desmontar el camino que vino atravesando nuestra humana conciencia para llegar hasta hoy. Y hoy es la ruptura con un orden donde prevaleció la armonía. Se trata de un armado artificial, de una estructura que intentó remediar la falta de amor y ocupó su lugar. El resultado desde ya es una suerte de anemia espiritual.  La energía busca atajos, sigue moviéndose y al no hallar la frecuencia óptima digamos que funciona en disonancia. Así fui viendo el camino de la humanidad. Claro que también pensaba en que ese orden lo hemos comenzado a recuperar, en eso estamos y no hay manera de frenarlo.

   Lamentablemente mi artículo era sólo una idea, un proyecto en mi cabeza mientras los obreros paraguayos balbuceaban su idioma y a cada rato me llamaban: Doña, tiene agua fría,  y un balde. Y por favor esto o aquello. Uno de los paraguayos se subió sobre los parantes, quedó alto y enclenque en el aire alto, el otro tironeaba. Entre ellos se entienden, pensé, traen a su país a cuestas, nunca se fueron, nunca se van a ir, su conversación  me lo atestigua.
   Lo interesante, me dije,  siguiendo con la idea de mi artículo es que la energía se las arregla siempre para amoldarse, no desaparece, es blanda, es obediente a nuestro planteo interior. ¿De qué forma nos desviamos tanto del camino del corazón? ¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Hasta cuándo?  
   Mientras pensaba en el artículo que tal vez ya no iba a escribir y escuchaba el rumor de las conversaciones en guaraní me di cuenta,   de un modo inesperado, que la plegaria que había comenzado a estudiar me acompañaba internamente como un sonido de fondo, que esa melodía me atravesaba y su compañía me daba abrigo,  pensé entonces que el sonido y la cadencia del guaraní a los obreros les  otorgaba identidad mientras trabajaban, que ese idioma los rescataba de la indiferencia de la gran ciudad.  Así, quizá de alguna manera confusa, sentí que existía una corriente de amor que nos atravesaba y que venía desde muy lejos y que nunca se había interrumpido. Esa corriente ha permanecido intacta  y nos viene sosteniendo desde el principio a todos, al mundo entero, al universo. Ya no necesitaba escribir, las palabras de los obreros en su idioma natal y el ritmo de mi plegaria llenaron mi casa, mi alma. Todo estaba en orden.



                                
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domingo, 16 de octubre de 2011

CUANDO EL CONFLICTO ES NUESTRO ALIMENTO


 Sabemos que todo ser vivo necesita nutrirse para vivir. El humano fue configurando sus funciones cerebrales en función de esa supervivencia física, por eso aún ahora tenemos ciertos condicionamientos como raza que responden a viejos patrones de supervivencia que nos entroncan con los primates. Muchas de nuestras respuestas emocionales siguen estos patrones y hasta el modo en que almacenamos grasa está pautado por un cerebro que necesitaba sobrevivir en época de hambrunas cuando la realidad presente en muchas sociedades actuales está lejos de esa situación. Ahora bien, en el plano energético por una ley de correspondencia inevitable sucede algo similar. Todas las personas necesitan imperiosamente cargarse de energía, la forma más equilibrada es a través del amor, pero cuando la energía del amor está ausente aparecen mecanismos de compensación y la persona se carga de energía sutil mediante esos mecanismos que no vibran en frecuencias de amorosidad.
    Uno de ellos es el conflicto. El conflicto de apoya en la dualidad y como bien sabemos, el amor trasciende esa dualidad. De modo que estamos hablando de dos energías diferentes. Conocemos perfectamente a personas que siempre están sumergidas en situaciones aparentemente indisolubles, tironeadas por esto o aquello. Cuando en apariencia una situación se resuelve comienzan a ser atrapados por otra, cambia el escenario, cambian los actores pero el comportamiento de la energía es el mismo. Se habla de adicción al dolor, gente que necesita que ocurra algo en su vida para sentirse viva.  Estamos frente a un caso de falta de amor, cuando el amor surge todo se nivela, todo se comprende, todo se acepta. En muchas ocasiones cité el ejemplo de las plantitas. Es un experimento que cualquiera puede hacer en su propia casa. Tenemos tres plantas. Una es regada con amor, se le habla, se le pone música, se la riega experimentando cariño hacia ella. Otra es regada con absoluta indiferencia y otra con odio, se la insulta, se la somete a ruidos disonantes. Pues bien: al cabo de un tiempo la planta regada con amor está rozagante, la regada con odio está exactamente igual de espléndida. La que muy probablemente esté seca es la regada con indiferencia. Esto nos demuestra que todo ser vivo necesita alguna clase de energía para sobrevivir. Es conocido el caso de los niños que lloran en hogares colectivos, alejados de sus madres. No bien alguien los alza, se calman. Necesitan el contacto humano, la vibración energética que les paute un modo de vibración a su propio organismo. Cuando un ser humano no encuentra eso en la  cordialidad de las relaciones, suele suplirlo con violencia, la violencia no es otra cosa que el quebrantamiento del ritmo de una energía equilibrada, por eso decimos que la violencia es la ruptura de la ley del amor. Socialmente estamos viendo cómo esto ocurre en forma diaria. La necesidad de la noticia que cause impacto, del escándalo, de la aparición de emociones como la indignación, el enojo y todas sus variantes no son otra cosa que un intento desesperado por nutrirse que hace la gente. Equivoca la frecuencia vibratoria, es simple y llanamente una  falta de conocimiento básico. Hoy, que está tan boga la modificación de la dieta nutricional, quizá estemos más aptos para revisar con qué otra clase de alimentos nos sostenemos.
Recuerdo una situación muy concreta y muy decisiva para mí. Aquel día había sido invitada a dar una charla en una escuela para chicos, me llamó la directora por teléfono y me dijo que iba a pasarme a buscar un remise. Llegó el remise y luego de un viaje bastante prolongado noté que entrábamos en una villa de emergencia. La escuela estaba en el medio de la villa. Lo que ocurrió después abrió mi corazón. Las madres de los alumnos habían venido a escuchar a esa escritora de literatura infantil para aprender algo. Lo curioso es que yo aprendí de ellas mucho más. Después en una breve charla con la directora sobre la tarea social y no sólo educativa que de desarrollaba allí y de las muchas dificultades me contó una anécdota que para mí resultó reveladora.
     Me contó la directora que un estudiante no se adaptaba, se peleaba, creaba situaciones de conflicto constantemente y ya no sabían qué hacer con él. Una vez algo ocurrió y el chico empezó a llorar desconsoladamente, fue algo que llegó a su centro y modificó sus emociones. Entonces este chico dijo algo que se podía interpretar como que él no sabía que la gente se podía relacionar amablemente, con dulzura y aceptación, simplemente nunca lo había conocido en su casa, lo único que había aprendido y experimentado era relacionarse desde la violencia. Su forma de relación era esa porque esa es la que había conocido en su casa. Para él conectarse con otra persona era crear fricción porque su experiencia lo llevaba a eso.  Como las plantitas del experimento este chico recurría a la forma de adquirir energía que había aprendido. Cuando aprendió otra y descubrió que se llenaba de otra clase de energía la adoptó porque sus beneficios se hicieron evidentes. Claro que esto no ocurrió de un modo lineal ni sin ida y vueltas, todo camino en este plano se nutre de la dualidad, del juego de luces y sombras en el que necesitamos aprender a movernos evitando ser tragados por la oscuridad. Las energías en sus distintos niveles vibratorios están a nuestra disposición, como los chicos de la escuela podemos elegir aprender a manejarlas o continuar actuando automáticamente sin discernir dejándonos arrastrar por lo denso y oscuro. Sí, podemos elegir, de eso no cabe la menor duda.
                                                                    

ENTREGA Y TRASCENDENCIA

 


Al parecer nuestra mente se adhiere, se estanca en un pensamiento o en una secuencia ininterrumpida de pensamientos. Tenemos la llamada mente de mono.  Esta metáfora  que surge al asociar el funcionamiento de nuestra mente con el mono se debe  principalmente a la costumbre que tiene un mono de introducir uno de sus miembros superiores en un recipiente para atrapar lo que quiere, su mano al no soltar lo atrapado queda presa dentro del recipiente, si lo soltara, se liberaría. Claro que también esta metáfora se apoya en el hecho de que  el mono tiene un movimiento inquieto, constante y perturbador. De allí que practiquemos la meditación para que nuestra mente se sustraiga de este modo de funcionar o comportarse. Pero claro, la tendencia loca de nuestra mente persiste. Entonces aprender a entregar, a soltar así como ese monito no suelta lo obtenido dentro del recipiente es la clave. Aflojar esa secuencia obsesiva que la mente tiene de atrapar y apegarse a un pensamiento y otro lo llamamos “entrega”. Cuando la mente retrocede, el alma avanza. Es obvio que la entrega no nos resulta una práctica sencilla debido a que tenemos internacionalizado ya desde nuestro ADN este modo de funcionar. Pero la evolución necesita del juego de las polaridades, de modo que nuestra energía pendula y pendula hasta que encuentra un punto medio.  Alcanzar de forma más permanente ese punto medio  alimenta nuestro ejercicio diario en nuestras prácticas, especialmente en la meditación. Sabemos que la clave  está en trabajar con nuestra mente. Entregar o poner la mente en blanco es una acto de sumisión y rendición a un poder superior,  entendemos por superior  a aquello que está por encima de lo rige nuestro funcionamiento mental que es puramente mecánico y, como tal, no puede suministrarnos más que repetición, que volver a lo conocido. El conocimiento no se refugia en la repetición sino en el hallazgo de lo antes no conocido. La entrega implica aceptar el silencio, es lo que comúnmente llamamos “poner la mente en blanco”. Lo blanco, la luz, el silencio, en síntesis conectarnos con la luz que somos y que la cultura y los condicionamientos replegaron a un plano oculto. Desocultar la luz que es nuestro ser interno, lo que somos desde el origen, desde el momento en que el OM comenzó a intensificarse desde su remoto sitio central, es decir acercarnos a ese centro, a esa fuente, la luz misma, lo que somos y hemos olvidado. Sin entrega no hay trascendencia, trascendernos a nosotros mismos, a nuestra partecita animal, ir más allá de lo que nuestro cuerpo contornea, salirnos del tiempo lineal, de la forma alcanzada para vibrar en la alta frecuencia que todo lo abarca. La entrega es la clave, para lo que necesitamos confiar en el infinito poder de esa fuerza


                                                           

ARTE Y ESPIRITUALIDAD: Cynthia Gindfeld

 


CYNTHIA GRINFELD: UN COMPROMISO CON LA CREATIVIDAD Y EL AMOR A LA VIDA





Tuve el gusto de conocer a Cynthia Grinfeld a través de este blog. Luego visité su página y finalmente su casa, que queda cerca de la mía, a escasas cuadras. Realmente Cynthia es una persona excepcional que transmite su entusiasmo por todo lo que la rodea, tiene una gran pasión por el conocimiento y en su sentido de la espiritualidad está muy ligado al contacto humano. Se me ocurrió que podía resultar interesante que también otras personas entraran en su mundo y tuvieran la oportunidad de conocer su trabajo. De modo que le hice un breve reportaje que sigue a continuación:
Irma: Sos artista plástica y a la vez trabajás con la palabra en distintos planos. ¿De qué manera los relacionás entre sí?

Cynthia: Yo creo en la plasticidad de la palabra. Creo en su volumen. De manera que tomo a la palabra como un mundo en sí misma. En esta polidimensionalidad que le atribuyo, destaco su vibración en el aire, como una manifestación visible de energía. Desde este lugar, creo que las imágenes se corporalizan dando al lenguaje de la imaginación, la oportunidad de ser percibido por otros sentidos.
En tanto sostengo que somos seres relacionales y que por esta condición, tenemos vínculos con los otros, la naturaleza, el universo y nosotros mismos, amo a la palabra como eje central de toda conversación.
Es decir que la palabra es una suerte de punto también, por donde pasan infinitas líneas, tal es nuestro planeta, visto desde otra perspectiva.



Irma: ¿Cómo surge tu interés en vincular arte y espiritualidad?

Cynthia: Una concepción de arte vacía de espiritualidad, es como pensar en un nihilismo tal, que por sus mismas características no podría vivir, ni mucho menos trascender.
Siento el espíritu de los grandes Maestros, en su vasta conexión con lo divino que los habita. No imagino a Miguel Ángel, Bach, Mozart o Da Vinci, pudiendo transmitir su señal, sin espiritualidad.
Yo pienso que en el siglo XXI, las personas tienen que cuestionarse muchísimo sobre el tema, para abrir su sensibilidad al aprendizaje de nuevas formas de vida y convivencia planetaria.
La creatividad, es espíritu vivo. Curiosidad y cambio en un continuo fluir.
Creo que el arte es una fantasía en constante evolución.



Irma: ¿Cuáles son los talleres cursos y actividades que estás desarrollando actualmente?

Cynthia: En la actualidad estoy trabajando mucho sobre el vínculo entre cuerpo-emoción y lenguaje de manera integral. Los talleres están enfocados a distintas posibilidades que favorecen el deseo de expresión que hoy tienen todas las personas.
Hay quienes prefieren recorrer un camino de autoconocimiento a través del taller literario. Otras lo sienten desde la plástica. Hay quienes participan de otra manera en el taller de Inteligencia Emocional, y otras se vuelcan al de Arte Terapia.
Sustancialmente, lo que busco desarrollar en los participantes es la toma de conciencia de quienes están siendo en este aquí y ahora, y quienes desean ser.


Irma: ¿Qué clase de observaciones podrías realizar sobre lo que ocurre en tus talleres?

Cynthia: Lo primero que me surge es agradecimiento. A borbotones. Porque sostengo que todos aprendemos de todos. Valoro y me siento privilegiada de recibir a mis alumnos, quienes con total generosidad, vienen y comparten sus vivencias y conocimientos. Sus dudas, su energía puesta en el afán de un crecimiento conjunto como seres humanos, despertando al artista que cada uno lleva dentro de sí.
Parafraseando a José Ingenieros, se vuelven los artífices de su propio existir, y creo en lo bueno que eso trae para cada uno y el entorno. Una serena responsabilidad consecuencial con cada elección que se hace o se deja de hacer.


Irma: ¿Qué aspectos privilegiás al pensar sus reuniones o clases?

Cynthia: Pongo el énfasis en que cada uno es único e irrepetible. Por eso privilegio al espacio que cada uno ocupa. Sostengo que hay que tener la humildad de saber que somos muy pequeños, pero que sin la existencia de cada uno de nosotros, todo sería diferente. Privilegio la creatividad como mecanismo de transformación.
Privilegio la expresividad, como la libertad que cada uno se da para tratarse amorosamente y legitimizar al prójimo del mismo modo.


Irma: ¿Qué podrías comentar sobre los resultados o transformaciones que detectás en tus talleristas y en también en vos misma desde tu rol de coordinadora?

Cynthia: Yo digo que los procesos llevan tiempo. Nuestra capacidad de síntesis se ha visto frustrada en esta moda actual de inmediatez, en donde se inhibe la capacidad de ver, de tener una observación precisa. Para poder crear, hay que poder ver y en este sentido, la vida ofrece posibilidades extraordinarias. La mayor transformación la veo, cuando nos embarcamos en procesos de aprendizaje y nos damos el tiempo para transitarlo amorosamente. Es algo que tenemos en común los talleristas y yo misma desde mi rol de coordinadora y creadora de cada uno de estos espacios.


Luego de finalizado el reportaje, le propuse a Cynthia que me transcribiera un texto con sus horarios de taller y actividades y ahí va lo que me envió:“ El mundo me pertenece, como yo le pertenezco a él reinventándome, y creando conexiones en un profundo lazo de amor desde el artista que habita en mí. El verdadero aprendizaje llega a la esencia de lo que significa ser humano. Mediante el aprendizaje nos re-creamos y nos volvemos capaces de realizar lo que nunca antes pudimos hacer.

Lo que ofrezco son 3 talleres y Conversaciones de Coaching.

Talleres y Conversaciones de Coaching

Hay dos modalidades en las que trabajo. Los talleres y las conversaciones de coaching.
Las conversaciones son de uno a uno, lo que se llama Life Coaching en donde el consultante o coachee, viene a plantear una situación que no puede resolver y para la que necesita la ayuda de un otro, que sea idóneo y experto consejero pedagógico, en el sentido de aprendizaje, para que lo asista en el hallazgo de sus propios recursos y en la posibilidad de generar nuevas herramientas, para lograr lo que desea, sea en el plano que sea que se elija tratar. Lo personal, familiar, laboral, social, etc.

Esta actividad se articula con la otra que practico coordinando talleres. Los que ofrezco son:

Literario---------------------Viernes de 20.00 a 22.00 hs.
Int. Emocional--------------Jueves 18.00 a 20.00 hs.
Arte Terapia----------------Viernes de 18,00 a 19,30 hs.
Literario para --------------Miércoles de 15.30 a 17.30 hs.
Adultos Mayores “
Cynthia Grinfeld tel: 4521 -2373 y cel.: 155 119 3110
Artista Plástica - Coach Profesional - Acompañante Terapéutica
Arte Terapeuta
http://grantallercynthiagrinfeld.blogspot.com/
http://www.cynthiagrinfeld.com.ar/

"La única manera de vivir bien es desde el lugar de la amorosidad de cada uno"

Este artículo se publicó el jueves 2 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
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HUELLAS HUMANAS



 

Suelo indignarme cuando en esta versátil ciudad de Buenos Aires alguien escribe en gruesas letras con tintas indelebles sobre una pared recién pintada. Me duele, lo confieso y me hago mil preguntas: ¿Esa persona no piensa que el dueño o la dueña de la casa gastó dinero para mejorar la apariencia de su vivienda? ¡Cuánta necesidad de expresarse tiene la gente que no se detiene ante nada! ¿Sentirá culpa por dañar así al aspecto de una casa? Y reflexiones por el estilo. En la plaza de mi barrio, Villa Urquiza, recién mejorada, con plantas y bancos nuevos, con rejas muy criticadas por cierto, al monumento central lo llenaron de inscripciones. Intento leer lo que dicen y me sugierenexpresan muy pocas ideas. Pero al parecer la gente necesita decir en forma perdurable lo que necesita decir. Enseguida viene a mi cabeza la canción maravillosa de Joan Manuel Serrat “Por las paredes”. Se ve que a este Serrat de aquel iniciado post franquismo no le molestaba demasiado la falta de urbanidad; fuera de bromas sigo pensando en qué le ocurre al que queriéndose expresar afea todo lo que tenemos a la vista. La verdad es que las frases ya no son muy trascendentes que digamos. Hace poco pasé por el paredón de una iglesia que tenía un cartel en el que podía leerse lo siguiente:

               Respetamos su gusto por grupos musicales,
               Su pasión por un club de fútbol
               Sus preferencias, gustos e ideas de todo calibre
               Pero por favor no las escriba sobre esta pared.


Es curioso, amo la expresividad de la gente, pero mi educación prusiana y mi sentido de la estética, más mi defensa del espacio ajeno me ponen los pelos de punta al ver ganchos y círculos y dibujos grotescos que al menos a mí no me sugieren nada. Claro que suelen aparecer paredes maravillosas con verdaderas obras plásticas, allí no hay palabras sino un trabajo estético impresionante, y curiosamente estos trabajos artísticos que me he dedicado a fotografiar no son realizados en viviendas ocupadas ni en paredes relucientes sino en muros o paredones viejos, de modo que le dan un sello personal a la ciudad y la embellecen. Hablo de esas inscripciones hechas rápidamente que al final producen el efecto de una agresión.


Hace unos días me ocurrió algo gracioso. Resulta que Edenor, la compañía privada de electricidad, tuvo que romper mi vereda, primero encontré sobre mi destartalada vereda que el gobierno de la ciudad debe embaldosas de nuevo, unas inscripciones rojas de lo más misteriosas y pensé en la gente que anda haciendo sus estropicios sobre las paredes y me dije: “Qué suerte que dibujó sobre mi vereda rasposa y no sobre mi pared pintada”. Ese día estuve sin energía eléctrica desde la mañana. Así que cuando empezaron los golpes pude asociar las letras rojas con el arreglo y suspiré para mis adentros. Bueno, los obreros dejaron el barrial acostumbrado y tuve que hacer varios llamados telefónicos para que vinieran a poner su pulcra capita de cemento hasta que el gobierno municipal restaurara mi ya consabida maltrecha vereda. Sabemos que el cemento tarda en secar. Pues bien, yo iba a espiar ese secado a cada rato, no tenía más que asomarme por la puerta de entrada para hacerlo. ¿Pero qué veo? Alguien había escrito sobre el cemento fresco unas palabras que no quiero recordar al lado de un corazoncito. ¡Para qué! Salí con una palita a ver si podía alisar otra vez el cemento y borrar las inscripciones. Lo logré malamente. Luego al asomarme otra vez descubrí que había marcas de zapatillas a pesar de que los obreros habían puesto soportes con cintas indicando que eso debía secarse. Salí a la calle y le hablé al aire:
-¿Cómo es que no ven esto? ¿No notan que se está secando? ¿Por qué pisan?
Pasaban señoras con perritos y algunos hombres que no me contestaron. O no se dieron por aludidos o mi tono de voz era demasiado increpante. También alcancé a estirar un poco el cemento. Unas horas más tarde veo marcas profundas de otros pies, de otros tamaños en ambas direcciones-. Hice el mismo procedimiento. Pero luego encontré nuevamente palabras escritas con un nombre firmándolas. Ah, si yo hubiera agarrado infraganti a ese tal Lucas. La cuestión era que se trataba del cuento de nunca acabar. Me fui a dormir aquella noche pensando en lo ridículo de mi actitud y en que tampoco era tan importante, creo que mi dolor por tanta inscripción ciudadana se corporizó en lo que ocurría frente a mi puerta en mi estropeada vereda.
Sin embargo me quedé pensando en la necesidad de la gente de expresar y recordé la fuerte propensión que hay entre los jóvenes de tatuarse el cuerpo. Esto es muy significativo, si la casa es una segunda piel, la piel del cuerpo ¿qué es? Es lo visible a los ojos de los otros. Algo está necesitando la gente decir y quiere ser escuchada. En esas marcas que las personas inscriben en su cuerpo está la alarma frente a una sociedad que todo lo masifica, al tatuarse intentar dejar una señal, intenta decirnos que son personas con ideas y sentimientos y no máquinas para un sistema que pretende igualarlo todo. Significativamente hay una tendencia mundial a quitarle a las marcas de los productos su signo de status social, de supremacía. Si reflexionamos un poco notaremos que en este sistema las marcas son la cara visible del modelo capitalista organiza alrededor del poder monetario y sustentado por la compra venta de artículos de consumo. Con la tan mentada crisis actual hay una búsqueda de las llamadas marcas blancas, menos costosas e igualmente eficientes. Sabemos que un producto se encarece por su costo en publicidad, publicidad que a fuerza de ser repetida frente a nuestros ojos y oídos nos quiere decir que ese artículo por conocido es bueno. Resulta gracioso, al comprarlo pagamos la publicidad que fue un proceso de programación mental que nos hicieron. Me he enterado que al menos aquí en la Argentina muchos productos son los mismos, sólo tienen envoltorios y marquillas diferentes. Lógico, al ver la marquilla que la TV y la radio y los carteles nos dijeron que eran buenas, pagamos gustosos, pero nunca sabemos bien lo que compramos. Estamos comprando una idea, una ilusión. Estamos comprando una identidad social. Pensando en todo esto me dije que esos tatuajes en los cuerpos de los jóvenes intentan comunicarnos que no quieren masificarse, que son individuos originales, y algo de eso hay detrás de los garabatos que a mi juicio afean las paredes. Tal vez estamos demasiado cansados de esta proliferación de signos en las ciudades, sufrimos la llamada contaminación visual, pero algo importante se dice detrás de lo que se dice y su significado merece ser visto y oído.
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Este artículo se publicó originalmente el sábado 4 de abril de 2009 http://caminanteazul.blogspot.com/
                                                                                           

EL AFUERA ES EL ADENTRO



Le escuché decir a Pablo, mi reflexólogo holístico: "El afuera es la propia conciencia expandida", yo lo decía de otra manera aunque significa lo mismo. Todo vino a cuento de que fueron tantos los cambios producidos por la reflexología que comencé a responder con miedo; es natural.
Una mañana al despertarme y recordar que tenía mi sesión semanal de reflexología, me asusté y en este instante se cortó la luz; suele cortarse la luz en mi barrio pero supe que iba a costar, que la energía iba a tardar en volver. Y así fue. Tuvieron que venir a romperme la vereda hasta que por fin, en la noche, regresó la corriente eléctrica. Los humanos somos campos electromagnéticos y lo que nos rodea está inmerso en ese campo, nuestros pensamientos operan sobre las energías densas y sutiles que nos involucran. Por eso Louise Hay afirma que somos respondables de las personas que están en nuestra vida así como de lo que nos pasa ya que, al igual que los planetas, atraemos todo aquello que resuena con nuestro mundo. Son sensibles a nuestro magnetismo eléctrico seres y objetos, pero los aparatos electrónicos obran en mayor consonancia. Todos tenemos muchos ejemplos, pero quizá el más emblemático en estos tiempos sea el de la computadora. La computadora es la extensión de nuestras manos, nuestros oídos y nuestros ojos y nos ha hecho seres poderosos en este mundo moderno, llegamos tan lejos, nos informamos de tantas cosas en el momento en que están ocurriendo, que cuando se descompone nuestra PC nos descomponemos nosotros mismos, o mejor dicho nosotros mismos produjimos su descompostura.
Estoy muy atenta a lo que sucede a mi alrededor, le pregunto a mi Maestro y me contesta a veces con palabras que están en mis pensamientos y otras veces con fenómenos visibles. Y ya lo sabemos: somos responsables de lo que viene a nosotros, personas o acontecimientos, ya que expresan nuestro nivel de conciencia, el estado de nuestra mente y la vibración de nuestras emociones. Suelo repetir "el afuera es el adentro", pero la frase de Pablo me gusta más. Entonces mezclando ambas frases puedo decir: "El afuera es el adentro desplegado". Existe una correspondencia entre mi interioridad y el mundo circundante. Aquí tampoco hay separación. Es un útil espejo ese mundo que nos rodea, nos muestra nuestro perfil humano, así como las fábulas y los cuentos o las películas y las novelas que son nuestras fábulas modernas, nos dan a conocer mediante simbolos el embrollo que nuestra mente no siempre logra desentrañar. Todo habla alrededor de nosotros, y nosotros, obviamente no hablamos sólo a través de palabras.



Este artículo se publicó el jueves 9 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/

                                                                             
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FACEBOOK O LA CONCIENCIA HORIZONTALIZADA

 


Cuando comencé a formar parte de la página colectiva “Los niños del sol”, conocí a algunas personas muy interesantes, pero no pasé de la primera nota, de dos o tres intercambios. Luego con 101 me pasó que prácticamente no me relacioné con nadie. Más tarde, instigada por la moda, puse mis datos mínimos en Facebook y ahí quedé. Pero no daba pasos, apenas si respondía a las personas que me solicitaban su amistad. Con lentitud llegué por fin a subir mi foto. Y después de que supuse que una amiga a quien he conocido personalmente desde hace años, me borró porque nunca contestaba, comencé a integrarme verdaderamente. Estos sucesos y la práctica alucinante y extraña de entrar en una página donde personas con distintos intereses se mezclan, de este modo por el simple hecho de compartir amigos entramos en mundos nuevos a cada instante, me llevaron a pensar en la eficacia de Facebook para acelerar nuestro proceso de evolución de la conciencia.
Veamos: hasta ahora o hasta no hace mucho, el modo de relación ha sido de persona a persona, o de persona a grupo de personas en casos de clases, recitales, conferencias, etc. Este es un modo lineal o patriarcal de relación. Como la evolución de la conciencia humana es un fenómeno inevitable que en esta época ha entrado en una etapa de aceleración (los mayas decían que en el final de un proceso se acelera la vibración de la energía) hay señales y modos de relación humana que dan cuenta de este cambio. Uno de ellos es la preferencia por la imagen antes que por la palabra, la imagen hace trabajar el hemisferio derecho del cerebro, bastante atrofiado por siglos de primacía de la lecto-escritura. Las relaciones de poder se han ido modificando porque está cayendo el patriarcado y poco a poco se modifica el paradigma, así en vez de ser de arriba hacia abajo, de un patrón autoritario a subordinados, es de igual a igual y no en una sola dirección sino en direcciones múltiples. Asistimos a las videoconferencias, al aprendizaje de niños hacia adultos, de adultos hacia niños, de jóvenes a no tan jóvenes y viceversa. Nadie es dueño del poder, el poder está en todas partes o, en otras palabras, Dios está en todas partes. Internet es la expresión tecnológica de este proceso de cambio que se está produciendo en nuestras conciencias. Y Facebook lo concretiza. Es divertido y enriquecedor ver por ejemplo en una misma página conviviendo a jóvenes que hablan de músicos y a intelectuales de cincuenta años que reflexionan sobre la cultura, la literatura, a gente que al mismo tiempo habla de sus preferencias sobre perros, gatos y comidas. Todo está en un mismo nivel y no es, como decía nuestro eximio Enrique Santos Discépolo en el tango “la Biblia junto al calefón”, es la puesta sobre un mismo horizonte de la importancia de la vida en igualdad, de la importancia de todas las clases sociales, culturales, de diferentes edades para que nuestro cerebro se acostumbre a procesar de un modo distinto, no lineal, no jerárquico y así con el tiempo podamos despertar nuestras capacidades dormidas, nuestro inmenso poder interior.




Este artículo se publicó originalmente el jueves 16 de abril de 2009 en
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Obra de Escher
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SALVATAJES

 



Hay una escena en la vida de Saint - Exupèry, el célebre autor de El principito que es aquella mítica de su casi muerte en el desierto. Sí, así es, Antoine Saint- Exupèry estuvo a punto de morir de sed en un desierto donde cayó aquel avión (hoy pensaríamos proto avión) cuando trabajaba para el gobierno francés repartiendo correo. Saint- Exupèry nos relata la emoción y el amor incondicional que sintió por aquel beduino que le acercó el primer sorbo de agua cuando ya estaba a punto de fallecer. Algo parecido relatan los muchachos uruguayos que estuvieron un mes en los Andes cuando, luego de una caminata épica, alcanzaron a ver a aquel hombre a caballo. Años después, hace poco, aquel hombre de condición humilde necesitó dinero para una operación y treinta años después los sobrevivientes de los Andes la costearon.
Recordando esta sensación de agradecimiento tan enorme que se experimenta cuando alguien en un estado de extrema dificultad rayana a la muerte nos extiende su mano, logramos explicarnos por qué Ingrid Betancur al ser rescatada por en aquel helicóptero luego haber padecido el infierno del secuestro por parte de la FAR en la selva colombiana, agradece emocionada al ejército de su país. No es que Betancur haya dejado de ser democrática para volverse militarista, este sentimiento de profundo agradecimiento va más allá de la ideología porque nos ubica en una dimensión existencial: cuando hemos pasado a esa zona difusa que nos aleja de la vida y una mano nos trae de vuelta, no podemos menos que besar esa mano, porque en medio de la nada, esa mano representa la bondad absoluta.
Hace tres o cuatro años yo tuve un accidente fenomenal. Caí al otro lado, atravesé un techo carcomido de policarbonato y quedé inconsciente durante horas en un galpón abandonado. La sensación de horror al verme en un lugar apartado y sin posibilidad de salida, envuelta en sangre y sin recordar qué había pasado unas horas antes fue revertida por la aparición de los bomberos. No voy a olvidarme nunca del tono de voz, de los brazos que me alzaron y me sacaron de allí. Lo mismo dice Saint- Exupèry de aquel beduino anónimo, un alma inolvidable. Cada vez que escucho la sirena de los bomberos, me invade el mismo sentimiento de gratitud. Ayer, justamente, esperando el colectivo, un señor se fastidió al ver pasar al ruidoso camión de bomberos diciendo que al final hacen tanto ruido y llegan tarde. Le conté mi historia y el hombre también se conmovió. Es curioso, para la mayor parte de la gente una sirena que irrumpe en el silencio es una señal de alarma, así lo atestiguan sobrevivientes de la guerra y sin irnos tan lejos, nosotros, sobrevivientes de la dictadura militar, pero ahora la sirena ha cambiado de signo para mí, entonces me pregunto cuántas cosas pueden cambiar de signo y borrar una huella en el cerebro si la experiencia reparadora es lo suficientemente intensa. Es una buena pregunta para continuar viviendo.

Este artículo se publicó originalmente el martes 21 de abril de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
               
                                                           


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NUESTRA IDEA DEL MAL

 


Esta vez vi por televisón abierta la película alemana “La caída” que vi en cine primero y luego en cable. “La caída” muestra los últimos momentos en la vida de Hitler y se desarrolla prácticamente en el interior del bunker en el que Hitler se suicida junto a Eva Braum, convertida horas antes en su esposa. Personalmente a mí la película me fascinó por la reconstrucción de época, por la interpretación de los actores, el clima, el guión, por todo, además siento una atracción muy grande hacia la segunda guerra y el Holocausto.
Un amigo me confesó que no quiso ver esta película porque le habían contado que Hitler estaba representado como un viejito bueno. Yo no creo que sea así. Creo que se ve la faceta de Hitler privada, un hombre amable y atento con las mujeres que lo rodeaban, educado y considerado. Cuesta conciliar esta faceta de una persona que produjo un genocidio espeluznante, aberrante, incluso nos resistimos a creer que eso haya sido cierto, me refiero a la amabilidad de Hitler. La película fue hecha en base a los testimonios de quien fuera su secretaria privada, un personaje importante en la película. Esa es otra historia interesante, la secretaria que aparece al final, la de carne y hueso y no la actriz que la representa, que tenía veintipico de años cuando terminó la guerra, pasó toda su vida con un remordimiento y una falta de perdón hacia su persona por no haber visto la atrocidad en la persona de Hitler. Claro que esta es una película aparte que también vi donde ella cuenta sus experiencias, esta señora murió en el año 2002.
Volviendo a Hitler y sus facetas yo considero que precisamente el que estableciera una forma considerada y amorosa para tratar a unos y otra brutal para tratar a otros, me refiero a los judíos, gitanos y personas desvalorizadas por cuestiones raciales, muestra primero que no era una persona discapacitada emocionalmente, en ese caso podría hasta pensarse en Hitler como un discapacitado afectivo. Pero no, si Hitler conocía esa diferencia es doblemente responsable de lo que hizo en los campos de concentración y de la llamada solución final para los judíos. Esto nos lleva a nuestra personal o particular idea del mal. Pensamos que el malo es malo sin cortapisas, hemos creado entonces un esteriotipo, tenemos una imagen maniquea de la bondad y de la maldad. Porque si alguien representa el mal ese es Hitler, claro que maldad es en su base desconocimiento, del mismo modo que la violencia es el quebrantamiento de la ley del amor, la maldad es el desconocimiento de la condición humana básica. Este reduccionismo sobre la figura de Hitler es lo mismo que la cultura occidental ha hecho con la idea de la muerte; al negar la muerte como parte de la vida vivimos escapando en busca de una belleza que sólo puede ser encontrada en la integración de los opuestos. Vida y muerte son dos lados de una moneda llamada vida, es la danza de Shiva construyendo y destruyendo el mundo. La maldad no existe sin un grado de su opuesto, claro que en el caso de Hitler ese grado ha sido ínfimo pero nos permite construir a un ser completo y no a un esterotipo. Para mí este Hitler privado es un Hitler real y no lo disocio del genocida. Con su gesto de atención hacia las mujeres estaba de algún modo ofendiendo más a los que fueron sus víctimas en los campos de concentración.


Vuelo de Brujas, de Goya

                                                   
Este artículo se publicó originalmente el domingo 26 de abril de 2009 http://caminanteazul.blogspot.com/
                    
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EL VALOR DEL TIEMPO


Leo en la Revista Ñ que un filósofo decide revisar la filosofía occidental desde el marco del pensamiento chino. Interesante eso de salirse de lo propio para desestructurar un pensamiento y ampliar la visión. Y dice por ahí algo parecido a: Se suele creer que no se puede entender el pensamiento chino pero indagando y dándole tiempo a la investigación es posible. Me gustó esa frase de darle tiempo a las cosas. Me pareció que el pensador se había empapado realmente de la visión oriental aportada por China. Porque el gran problema de nuestra cultura es que como nos la pasamos entablando luchas contra todo -porque esa es nuestra forma de relacionarnos- también la hemos entablado contra el tiempo. Y así la gente quiere apropiarse de todo y dice: no tengo tiempo. ¿Cómo no vamos a tener tiempo? El tiempo está, sólo que nos relacionamos equivocadamente con él. Yo personalmente he erradicado esta frase de mi vocabulario y digo por ejemplo: Quiero usar el tiempo para esto en vez de esto. Claro que a nadie le basta el tiempo en la actualidad, en parte por la resonancia Schumann que ha hecho que la vibración se acelere y según dicen vivamos 16 horas en vez de 24 por día y, en parte, porque nuestra ansiedad por llegar a algún lado no nos permite valorarlo verdaderamente. Podemos afirmar que la ansiedad es la enfermedad de nuestra época. Esa ansiedad se apoya en la idea de que para ser hay que hacer, de que la persona vale por las metas que alcanza, entonces por alcanzar una identidad se pierde el sentido de todo, cuando en realidad la identidad está en ser y no en hacer.
A la frase el tiempo es dinero, que en verdad nos gobierna de una u otra forma, los mayas proponían el tiempo es arte. Y lógicamente, si el sentido de mi vida es transformarme para alcanzar más sabiduría y por lo tanto más felicidad, el tiempo es el conjunto de aprendizajes que obtengo para llegar a ningún lugar, porque el conocimiento es un espacio que siempre da lugar a otro y a otro en forma circular, no lineal. No hay una meta fija. El tiempo no es algo que hay que usufructuar o algo que hay que derrotar para llegar a un sitio. Para poner un ejemplo de que en nuestra sociedad el tiempo es vivido como un contrincante al que hay que vencer basta con ver las cirugías estéticas. Estamos equivocados: El tiempo juega a favor del conocimiento si nos amigamos con él y se convierte en un adversario cuando nuestro único foco está puesto en una meta que aspira a ubicarnos por encima de todo. No hay encima de todo en el Universo, en el Universo sólo hay expansión y propósito. No hay dominación aunque temporariamente parezca que sí la hay cuando una estrella colapsa o un meteorito impacta contra un planeta, porque ese hecho da movimiento a otro que luego producirá otro que a su vez alimentará al que fue afectado en un principio. Así el tiempo mirado desde lo amplio no requiere de nuestro apuro. Si observamos una vida entera comprenderemos que luchar contra el tiempo o intentar apropiarse de él no ha tenido sentido. La vida entera se ve cuando ya ha transcurrido, en la figura del anciano. Y qué curioso, eso es lo que nos negamos a ver, la vejez es negada en nuestra cultura. Esta cultura del hacer nos ha metido en un vértigo en el que nos hemos perdido a nosotros mismos y esa confusión nos ha arrastrado, mirar a China o a Oriente es un primer paso para recuperar el sentido de cada cosa, buena idea la de este filósofo que es francés y que se llama François Jullien.

                                                                                 
                                                                           

Éste artículo se publicó originalmente el lunes 4 de mayo de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
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LA CASA


Crecí en una casa grande en el barrio de Floresta. Todavía recuerdo aquella tarde en la que mi padre nos llevó a mí y a mis tres hermanos y subimos a la terraza, corríamos de un lado a otro. Nos parecía inmensa en relación a la casa que habitábamos hasta entonces. Fui a la escuela del barrio y tenía cuatro amigas que vivían todas en la manzana de enfrente. La gente del barrio me conocía y pasaba horas en casa de los vecinos, incluso me iba de vacaciones ellos. El barrio era una casa extendida, mi espacio resultaba enorme. Luego, cuando comencé a vivir sola a los 24 años me compré mi primer departamentito. Dios mío, cuánto le costó a mi cuerpo acostumbrarse a las restringidas dimensiones. Pude comprarme un departamento apenas un poco más grande y luego llegué al tan ansiado departamento de tres ambientes con gran balcón. Pero algo faltaba. Yo me había ido acostumbrando por eso de escuchar: una mujer sola es mejor que viva en un departamento. Salvo mi año en Misiones, viví en departamentos, incluso aquel otro año en el centro de la ciudad de Córdoba. Hasta que, ya siendo una mujer más mayor me dije: ¿Y si intento vivir en una casa? Medio mundo me alertaba sobre los peligros de vivir en Buenos Aires en una casa. El pasaje resultó complicado, pero lo hice. Ahora me doy cuenta de que mi personalidad no tolera los departamentos y me acuerdo de que una reflexóloga con quien hice un tratamiento me había preguntado si vivía en casa o departamento y al contestarle departamento hizo una mueca con su boca.

Algo ocurre cuando nos alejamos demasiado de la tierra. Un especialista en Feng Shui me dijo que la gente no debería vivir más allá del piso séptimo, porque va contra nuestra naturaleza humana. Suele decirse que cuando se compra un departamento estamos comprando aire. Antes de vivir en una casa, no pasaban seis meses sin que yo saliera a lo loca a pasarme unas semanas en las sierras de Córdoba. Decía que necesitaba la energía de ese lugar, pero ahora comprendo -porque eso ya no me pasa- que lo que yo realmente necesitaba era el contacto con la tierra. El contacto con la tierra nos vuelve más terrenales, más verdaderos. Eso de ver la ciudad desde arriba cambia la perspectiva. Yo ahora le veo el rostro a la gente, antes desde un octavo piso me sentía demasiado arriba. Esto también me hizo pensar en aquella idea mía de irme de Buenos Aires a vivir otra vez en una provincia, en realidad Buenos Aires no es el microcentro, es una suma de barrios que en muchos casos, como el de Villa Urquiza, se parecen a veces a un pueblo de provincia. Estoy muy cerca de la general Paz y el barrio es antiguo y la gente se saluda y se reconoce aún igual a como ocurría en la Floresta de mi infancia. A veces no hay que irse tan lejos para encontrar la patria. Yo me fui veinte cuadras más allá y no compré aire sino tierra.

                                                                
Dibujo en ángulo superior izquierdo: obra de Roberto Aizemberg

Este artículo se publicó originalmente el lunes 11 de mayo de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/
                                                 
                                      


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GENTE EN LA CIUDAD

 


La primera persona que me llamó la atención fue una mujer que zamarreaba a su hijo. Llevaba otro niño en los brazos y me dio pena, por eso al pasar le toqué la cabeza al niño como un gesto de cariño. La mujer se crispó y me miró con su rostro amenazante. Pensé en ella, en la furia que todos llevamos dentro, a veces aplacada, e imaginé su niñez muy parecida a la que tendrá su hijo.
Luego esos rostros familiares, algunas caras tensas, muy tensas, como si toda la historia vivida y mal interpretada estuviera congelada en su interior. Y después otra vez en una esquina de la avenida Cabildo aquella mujer que imploraba con un tono quejumbroso, esa mujer a la que hace escasas semanas le compré algo parecido a un almuerzo. Recuerdo que pedía comida de una manera lastimosa que no pude menos que ir a comprar algo. Muchos hijos alrededor. Muchos hijos. Y ahora me pareció que ella estaba copiando aquel pedido pero que ya se notaba la imitación. No dudo de que tenga hambre, no, no lo dudo, sin embargo pienso en que ella también se ha detenido en esa esquina y en un gesto que la petrificó. Encerrada en su intemperie no sabe más que pedir. Y sus hijos la copiarán.
Pocas cuadras más allá vi a una mujer con dos hijas, exactamente en la esquina de Cabildo y Juramento. La espalda apoyada sobre la pared, unos cuantos cartones con alfileres y ganchos esparcidos por el suelo, sus hijas limpias, bien vestidas jugando alrededor y ella apenas levantando la vista del libro que leía para controlar qué hacían o donde estaban esas dos niñas. El libro la absorbía y no se preocupaba al parecer que nadie le comprara sus alfileres. Me fijé bien: leía La Biblia. No pude despegar los ojos de esa mujer, estaba envuelta en un silencio enorme. Había una historia allí, una historia que nadie me iba a contar.
En el colectivo apareció el muchacho que tocaba la guitarra, le costó encontrar una partitura o algo parecido a una partitura y un pincullo. Se paró en mitad del colectivo y apoyó su espalda en el caño que da a una de las puertas de salida. Maravillosa su música, guitarra y pincullo. Ahí también había una historia que no iba a llegar a conocer. Cuando terminó la segunda pieza yo inicié el aplauso y otros me siguieron y él se puso tan contento y tan asombrado por el aplauso que me sonrió y me hizo un gesto cómplice de agradecimiento. Me tuve que bajar sin darle nada, no tenía monedas en mi billetera.
La ciudad está viva, la ciudad me insinúa historias que tal vez necesite inventar.

                                                                                           

 Este artículo se publicó originalmente el martes 19 de mayo de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/


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SOÑAR CON MUERTOS

 


Desde que murió mi abuela, la última de la línea de mis antecesores no hice más que soñar prácticamente cada noche con que volvían vivos, con que no habían muerto y se me armaba un lío en mi mundo cotidiano. Lo curioso es que no sólo soñaba con mi abuela sino también con mi abuelo, fallecido diez años antes. Me despertaba sin angustia pero preocupada. Una mañana me desperté con la sorpresa de haber tenido un sueño que indicaba que mi inconsciente aceptaba la partida de mi abuela. Esa mañana, justamente, tenía mi sesión de reflexología holística con Pablo y ocurrieron muchas cosas. Le conté entusiasmada mi cambio y un hecho más significativo aún, que apenas me desperté y recordé el sueño sonó el teléfono y el abogado de la sucesión me pidió un papel que oportunamente mi hermano me había dado en custodia, con ese papel se terminaba de reunir lo necesario para iniciar la sucesión. Aquella misma tarde fui a firmar. Mi mundo interno se expresaba en mi mundo externo natural y comprensiblemente. Como yo antes me había quejado ante Pablo que mi tendencia a negar un proceso me hacía mal por eso de no aceptar la partida de mi abuela, él me dio otra lectura y ahí comprendí que mi manera de interpretar los sueños era clásicamente freudiana, tomaba al sueño como un retorno de lo reprimido o como la realización de un deseo, pero ese sueño recurrente contemplado desde la necesidad de mi alma y siguiendo la visión de Bert Hellinger indicaba quizá mi necesidad de tomar la línea de ancestros, tomar en el sentido de ser respaldada, de pertenecer a una especie familiar. Pablo hizo un amplio gesto con su mano para representar a toda una progenie que está a mis espaldas y que me contiene. No se puede avanzar o ir más allá sin ese respaldo y ese respaldo se obtiene cuando se acepta a la familia, cuando no se excluye a nadie. Hace poco más de un año y medio hice mi tercera constelación familiar y pude incluir a mi padre en ella después de muchos años de negación y falta de perdón. Ahora mi alma pedía un cierre y quería incluir a mis abuelos, porque no soñaba sólo con mi abuela sino con los dos, con los fundadores de la familia que me trajo al mundo. Cuando dejé de soñar fue cuando mi alma los incorporó con una reverencia y por eso el mundo tangible se manifestó a través del llamado de un abogado. Por el mismo motivo tantas cosas no logran concretarse en este mundo de tercera dimensión, tantas herencias quedan atascadas y se pierde dinero y bienes porque las almas no trabajaron la relación con sus ancestros. Aceptar, amar e incluir: camino necesario para encontrar la alegría en este mundo en cada uno de nuestros aspectos.






                                                                                           

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Este artículo se publicó originalmente el jueves 28 de mayo de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/

REANUDANDO VÍNCULOS

 


En más de una ocasión sonó el teléfono y alguien que venía desde mi pasado se hacía oír. Podía tratarse de alguna compañera de estudios, un antiguo amigo, seres que compartieron mi vida muchos años atrás. Ocurrieron varios sucesos. Lo cierto es que las relaciones siempre tendían a establecerse como en el momento en que se produjo la ruptura. Así la compañera del secundario parecía una muchacha de quince años que hacía bromas aunque ya tuviera cuarenta cumplidos, el amigo pretendía encontrar alianzas que costaba rastrear y cosas semejantes. En medio del reencuentro, entre las dos personas y la vida se había interpuesto el tiempo. Y el tiempo lo único que hace es producir cambios. Yo siempre he abrigado la ilusión de que la otra persona cambiaba igual que yo y tal vez eso era así, sólo que al intentar reanudar el vínculo parecíamos congelados en una situación pasada, perdida, sólo podíamos relacionarnos a partir de la memoria y no del presente.
Final: En realidad venimos de Dios y hacia Él retornaremos, según los astrofísicos todo se desprendió de un solo átomo que no ha hecho otra cosa que expandirse. Los que seguimos un camino de evolución consciente hablamos de “Volver a casa”, de “recordar lo que somos y hemos olvidado”. Me pregunto si esto nos pasa con personas conocidas en este plano y en esta encarnación, ¿cuán dificultoso será para nosotros recordar nuestra esencia? Al parecer para resucitar el Dios interno hay que vivir el presente, de la misma manera que para reencontrarse con un antiguo amigo pero nuestra configuración mental suele refugiarse en lo conocido para establecer contacto. Este es un tema para reflexionar, para preguntarnos una vez más desde dónde nos relacionamos con lo que nos rodea, sean personas, objetos, objetivos o metas. ¿Es la costumbre, lo conocido, lo ya transitado lo que marca el eje de la relación? Entonces no encontraremos nada nuevo. Nuestra mente está diseñada para la supervivencia física, el cerebro responde a sus patrones habituales. A Dios no se lo encuentra a través de lo rutinario, de lo seguro, de lo repetitivo sino en esos caminos intrépidos. Tengo la sensación de que lo que se está jugando en este momento evolutivo es eso: revolución o continuidad. ¿Aceptamos el reto de que todo no siga respondiéndonos igual por seguridad y temor? Si lo aceptamos, lo nuevo está allí con su rostro divino. Y cuando decimos Dios estamos lejos de esa representación patriarcal que asemeja a una suma de valores trascendentes a una figura humana. Cuando decimos Dios estamos diciendo toda esa fuerza que sustenta el Universo, un universo múltiple, infinito y por infinito inabarcable, expandiéndose, regido por un principio sustentador sin el cuál tanta versatilidad y riqueza no serían posibles. Einstein hablaba de Dios desde una visión científica. Es hora que entendamos a la divinidad cercana a la ciencia y a lo trascendente, alejándola de la superstición pero no de la magia, alejándola al mismo tiempo de una visión escolar. Ahora, más que nunca a la luz de la astrofísica y con los aportes de la física cuántica Dios se nos ha hecho más cercano y tal vez más comprensible. Dios es lo que no puede manejar nuestra voluntad humana, la rigidez de operar desde lo ya experimentado nos distancia de esa comprensión y a veces o mejor dicho casi siempre, un simple amigo que vuelve del pasado nos permite descubrir hasta qué punto necesitamos flexibilizarnos.

                                                                                                  
                                                                           
Este artículo se publicó originalmente el martes 9 de junio de 2009 http://caminanteazul.blogspot.com/
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PERSISTENCIA DEL ANTIGUO MODELO

 

Creo que todavía no somos del todo conscientes que toda nuestra educación y por lo tanto nuestro sistema de vida gira en torno a la aprobación de una autoridad que está fuera de nosotros mismos. Si así fuera no pensaríamos que la otra persona tiene que decir o hacer aquello que nosotros consideramos lo acertado y correcto. Y aunque no lo hagamos, ya sea por decoro o porque algo intuimos que debe ser de esa forma, en nuestro fuero interno juzgamos al otro. En el juicio está implícito todo el sistema que nos sustenta y que aún continúa perpetuándose a través de la educación. La comparación está tan metida dentro de nuestro modo de aprendizaje que no escapamos a ella. Nos comparamos con la otra persona, nos comparamos con el ideal que según un patrón autoritario debemos alcanzar, ese patrón puede ser social o familiar, nos comparamos constantemente porque entendemos que el modelo a seguir está fuera de nosotros. Ese “deber ser” no se apoya en valores trascendentes sino en figuras o modelos establecidos de comportamiento que no tienen en cuenta la diversidad de almas o, si se quiere para bajar esto a cuestiones más terrenales, la diversidad de personalidades e historias.
Si observamos atentamente nuestros pensamientos descubriremos que de alguna manera el cotejarnos es el patrón de medida. De tan establecido y practicado se nos ha hecho carne y nos parece natural. Así se cristalizaron las pautas de belleza, reducidas al extremo de rozar la caricatura y fortalecida con el apoyo del avance científico-tecnológico. Así las conductas y prácticas religiosas, los conceptos sobre los modos de ganar dinero, en suma el paradigma entero. Estamos viviendo un momento en el que la energía del planeta nos permite ampliar la visión y revisar antiguas pautas y el antiguo modelo, netamente patriarcal, es decir basado en la determinación de un elemento por sobre los restantes, se ha resquebrajado. Pero nuestro trabajo de autotranformación recién comienza, podemos sorprendernos cada día respondiendo a una visión añeja, sin preguntarnos si eso que elegimos, hacemos o pensamos sale de lo profundo de nuestro ser o nos fue impuesto por una autoridad medio turbia pero percibida como férrea e indestructible. Nuestro estado actual de ansiedad e insatisfacción surge de este modelo mental, siempre creemos que podemos vivir algo mejor, que deberíamos estar en otro lugar, que tendríamos que haber hecho esto y no aquello otro, así la comparación implícita alude a una visión externa, ajena. Nuestra falta de conexión con el presente que es el único lugar donde está la felicidad, esa ambición desmedida por llegar a ser y a hacer quién sabe qué cosa, que a veces ni nosotros mismos sabemos qué es, nace de esta educación en el modelo patriarcal. Este es el tema más o menos central de la película “El guerrero paciente”. Pareciera que para ser la aprobación debe venir desde una fuente de autoridad, cualquiera sea y así nos estructuramos desoyendo nuestra voz interna. La autobservación y la introspección es el camino recomendable para empezar a cambiar este modelo. Como siempre, y nada menos.


Imagen ángulo superior izquierdo: Cuadro de Van Gogh


                                                                            
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SENTIDOS DE TRASCENDENCIA

 


El conocido o divulgado sentido de trascendencia es el que se encuentra en todas las religiones del mundo y es el que sostiene que el cuerpo es un envoltorio de una energía que existió antes de habitar este cuerpo y continuará existiendo después que abandone este cuerpo. Viene a mi memoria una frase de la escritora francesa Simone de Beauvoir que descreía de esto y dijo por ahí que ella y Sastre no encontrarían canaletas entre sus tumbas para encontrarse. Simone no creía en esta clase de trascendencia pero sí en otra no menos importante, que es la trascendencia que permite perdurar en el mundo a través de una obra, de un quehacer o labor que aporte algo a personas con las cuales quien las realizó no tuvo contacto ni conocimiento. Esta clase de trascendencia es la que surge de una actitud dhármica, de un sentido del deber con otros seres humanos, entonces alguien hace algo desinteresadamente sin esperar retribución, se trata de un simple dar o entregar en función del bien común. Y esa acción trasciende a la persona que la ejecutó, ya sea mejorando condiciones de vida de personas aún no nacidas o del planeta como organismo viviente. Es esta clase de sentido de la trascendencia con la que todos y cada uno de los seres humanos debemos comulgar. Lamentablemente la gran mayoría de las personas vive usufructuando los bienes recibidos sin actitud de retribución o compensación, sin la generosidad de brindar un servicio simplemente por el hecho de dar como un acto de agradecimiento ante la vida. Con este sentido de trascendencia simplemente alcanzaría para mejorar las condiciones de vida en nuestro planeta. Si cada persona al irse de este plano hubiese procurado mejorar lo que recibió y no rapiñarlo todo, ya bastaría para que la especie humana evolucionara más o más rápidamente.
Trascender: ir más allá. No implica sólo pensarnos como almas o energías sin tiempo que irán a otro nivel de existencia luego de dejar este de tres dimensiones, ya que nuestro cuerpo también es multidimensional. Percibimos únicamente nuestro cuerpo denso o físico, de modo tal que al no incluir nuestro cuerpo sutil desconocemos nuestras conexiones con otros planos en el aquí y en el ahora. Gracias a estos cuerpos sutiles poseemos otras formas de conocimiento que podemos detectar mediante nuestras corazonadas o intuiciones, claro que esta forma de conocimiento está adormecida, pero está presente porque están nuestros chakras haciendo fluir la energía sutil y funcionando como matriz de nuestro cuerpo físico. Así es que estamos trascendiendo todo el tiempo, aún antes de morir, mientras respiramos, vamos más allá de este cuerpo conectándonos con seres y energías de distintos planos. Al identificarnos con nuestro cuerpo físico perdemos la percepción de este hecho, de allí que las religiones propongan prácticas para activar esta conexión. Trascender entonces es inevitable, la cuestión es hacerlo consciente y vivir considerando nuestra trascendencia como un eje fundamental del estar aquí. No importa si nuestras creencias no adhieren a la idea de una energía preexistente y eterna, porque nuestra acción en el mundo producirá un efecto que afectará inevitablemente a otros de un modo constructivo o destructivo, inevitablemente siempre nuestras acciones nos trascenderán. Si nos hacemos responsables de eso otros seres, a quienes este cuerpo no contactará, se sentirán agradecidos. Y con eso se justifica una vida, que no es poca cosa.

Artículo originalmente publicado el domingo 5 de julio de 2009 en http://caminanteazul.blogspot.com/



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